Tres poemas

 

Yolanda Pantin, poeta venezolana. Foto: Lisbeth Salas, La Poeteca. CC BY-SA 4.0.

Glaciar Perito Moreno

El poema ha caído como un bloque estrepitoso de hielo.

Aquí crecen arbustos de hojas ralas
y hay ovejas que pastan

en suaves desplazamientos;

parecieran no moverse, pero avanzan 
sobre la tierra.

Yo pensaba acerca del sentido 
frente al paisaje,

una manía tan infantil
como hurgarse la nariz

hasta hacerla sangrar.

Fue un momento de estupefacción 
poética: una masa de frío que se alzaba

setenta metros sobre nosotras.

Queríamos tener ante el glaciar 
una certeza de impotencia.

No es que fuéramos nada,
es que el ruido de la mole al desprenderse

retumbaba
como un corazón abierto.

 

Traduciéndonos a nosotros mismos

Hay algo extraordinario

en el lugar del No Entendimiento
y el deseo de entender

semejante a la tarea de escribir un poema
o de traducir un fragmento

de un idioma desconocido

Algo cierto
como un hachazo

en la infantil necesidad
de articular un pensamiento

o dibujar algo

que haga señales
en el claro del bosque

para el niño autista

Pequeños sucesos
de la comunicación humana

—¿Qué dice?
—¿Qué quiere decir?

Mínimos gestos y mínimas palabras
que en algo calman

la creciente ansiedad
:Voy entendiendo sólo

lo que proyecto sobre ti

lo que tu lengua 
desencadena

desde su música extraña 
cuando

desde algún lugar

desencajado
emergen

como faros, también, inesperadas
alusiones a osos, a leopardos

O la palabra “lobo”

traída por el deseo
más allá de las cultas referencias

a la fundación de Roma 
y pasando por alto

lo que podría ser
en el diálogo y no en el monólogo

poético

si pudiésemos hablar 
en el mismo idioma

un intercambio de eruditas lecturas 
y salas de museos

la palabra “lobo”
enaltecida

sustanciada

Porque

lo que al final se entiende
desde la callada

orfandad
de frases imposibles

y oídos
sordos

vacilaciones
intentos de avanzar

en el claro del bosque

—¿Qué dices?
—¿Qué me quieres decir?

cuando una palabra surge
y uno cree entender

lo que no era
y Es

en la certeza también
y en el fracaso del poema

 

Blanco sobre blanco

1

Iba por el río Yeniséi
hacia su desembocadura
en la boca del paisaje
para ser devorado.

Iba en la borda
por sobre el paisaje
sin contar los días
desde mi destrucción.

Iba hacia la capitulación,
de las casas sin vistas
en el barro aherrojadas,
sin pensar en la humilde

investidura del monje.
Iba distraído, sin mirar,
cuando vi a los caballos
acercarse a la orilla,

y perdí la razón.

2

Iba por el río Yeniséi
hacia su desembocadura
en la boca del paisaje
para ser devorado.

Iba en la borda
por sobre la Historia
sin contar los días
desde mi destrucción.

Iba hacia mi rendición
en las casas sin vistas
al temor amarradas,
sin pensar en la fiera

arquitectura del laico.
Iba distraído, sin mirar,
cuando vi a los caballos
abrevar en la orilla,

y perdí la razón.

3

Iba por el río Yeniséi
hacia su desembocadura
en la boca del paisaje
para ser devorado.

Iba en la borda
por sobre mi historia
sin contar los días
desde mi destrucción.

Iba hacia mi perdición,
a las casas sin vistas
doblemente cerradas,
sin pensar en la blanca

tajadura del Santo.
Iba distraído, sin mirar,
cuando vi a los jinetes
en un óleo pequeño,

y perdí la razón.

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LALT No. 18
Número 18

En nuestro decimoctavo número, destacamos la obra de la reconocida poeta cubana Reina María Rodríguez, junto con la de João Cabral de Melo Neto, gran poeta brasileño y tercer escritor latinoamericano en ganar el Premio Neustadt. También presentamos a poetas mujeres latinoamericanas, literatura indígena de Brasil y nuevos libros en traducción, además de un rescate del ensayo a través de las palabras de Mariano Picón Salas.

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