La obra de arte y la gloria: una conversación sobre Cien años de soledad con Álvaro Santana-Acuña

 

Álvaro Santana-Acuña, sociólogo español. Foto: Joan S. Bocanegra.

Cien años de soledad del escritor colombiano Gabriel García Márquez es una de las novelas más famosas del siglo. Es la novela más leída en español después de Don Quijote y figura entre las treinta obras literarias más vendidas de todos los tiempos. Sin embargo, Cien años de soledad pudo haber pasado desapercibida tras su publicación en 1967. En aquel entonces, un autor poco conocido, una pequeña editorial, su estilo mágico y la ubicación de la historia en una remota aldea caribeña no eran los ingredientes habituales para lograr el éxito en el mercado literario.

Ascent to Glory [Ascenso a la gloria], del sociólogo español Álvaro Santana-Acuña, profesor asociado en el Whitman College, es un estudio pionero sobre Cien años de soledad, desde el momento en que García Márquez se le ocurrió la idea para la novela hasta su consagración como un clásico global. En esta conversación con Ignacio M. Sánchez Prado, catedrático de español, estudios latinoamericanos y estudios del cine en la Universidad de Washington en Saint Louis, Santana-Acuña habla sobre las aportaciones de Ascent to Glory al estudio de la literatura. Como destaca World Literature Today en su reseña, “Ascent to Glory es un libro esencial para cualquier persona interesada en la literatura latinoamericana [y] también debería ser de interés para cualquier persona interesada en la cultura y su funcionamiento”. La publicación en español de Ascent to Glory está prevista para 2022.

Ignacio M. Sánchez Prado: Al ser un académico con especialización en literatura que ha tocado la disciplina de sociología, una de las cosas que me han llamado la atención de tu libro es que ofrece la perspectiva de un sociólogo. A pesar de que nuestros temas de estudio son similares, pertenecemos a disciplinas diferentes. ¿Cómo es recibida este tipo de sociología de la literatura en los departamentos de sociología estadounidenses? Sé que tu trabajo está más alineado con la tradición de la sociología cultural francesa, pero como profesor de literatura (quizás debido a una visión limitada por mí parte) no conozco a nadie más, aparte de ti, que trabaje en un departamento de sociología estadounidense y que estudie la literatura, mucho menos la literatura latinoamericana. ¿Qué opinas al respecto?

Álvaro Santana-Acuña: El estudio sociológico de la literatura es un campo consolidado en las universidades estadounidenses gracias al trabajo de investigadores como Wendy Griswold, quien ha escrito sobre el teatro de la época isabelina (1986) y sobre la novela nigeriana (2000). En el Reino Unido, hay investigadores como John B. Thompson (Book Wars, 2021) y María Angélica Thumala Olave (“Book Love”, 2020). En Holanda, donde se publica la revista Poetics, existe una importante tradición sociológica muy interesada en todo lo relacionado con lo literario. Como señalas, Francia sigue siendo un escenario clave para esta disciplina, especialmente gracias a las obras de Gisèle Sapiro (Peut-on dissocier l’oeuvre de l’auteur? 2020). En los últimos años, ha surgido una nueva generación de investigadores, que incluye a Clayton Childress (Under the Cover, 2017) y Phillipa Chong (Inside the Critics’ Circle, 2020) y que está explorando nuevas facetas sociológicas de lo literario. Para entender hacia dónde camina este campo, recomiendo leer el número especial de la revista American Journal of Cultural Sociology, editado por Thumala Olave y que está a punto de publicarse. En este número aporto un artículo sobre cómo los lectores de Cien años de soledad reaccionaron cuando se publicó en 1967. Sorprendentemente, cuando salió esta novela, que hoy es reconocida como un clásico del realismo mágico, no fue percibida como tal.

Aunque la sociología de la literatura está en plena forma, tienes razón: soy, que yo sepa, el único sociólogo de la literatura que trabaja en una universidad estadounidense y publica sobre literatura latinoamericana. Hay varios factores detrás de esta falta de expertos. La primera (y acaso la más notoria) es que los estudiantes de posgrado interesados en la literatura de América Latina eligen hacer el doctorado en estudios literarios. En mi caso, llegué a la literatura latinoamericana por casualidad. Me formé como historiador especialista en historia europea del siglo XVIII, aunque siempre estuve interesado en la literatura universal. Cuando enseñé en el programa de español de la Universidad de Chicago, me di cuenta, tras largas conversaciones con mis colegas sobre libros y escritores de América Latina, que los había leído y estudiado con bastante profundidad. Mis colegas de Chicago, junto con los de la Universidad de Harvard, me convencieron de que estudiase literatura latinoamericana porque, según ellos, merecía la pena que compartiera mis ideas. Así fue como una pasión personal se convirtió en un interés profesional. Desde ese momento mi problema era: ¿por dónde empiezo?, ¿qué estudio? Quizás lo que voy a contar suene muy literario, pero es la verdad. Una tarde en Cambridge caminaba bajo una lluvia intensa que me recordó a la que cayó sobre la aldea de Macondo en Cien años de soledad. De pronto, se me ocurrió que podría escribir un libro sobre cómo se creó y se consagró esta novela, la más conocida y leída después de Don Quijote. Nadie había escrito un libro semejante. Así que, bajo la lluvia, se plantó la semilla para Ascent to Glory.

I.M.S.P.: ¿Por qué crees que los lectores e investigadores de la literatura deberían acercarse a la obra de un sociólogo? A mí me parece obvio, pero el adjetivo “sociológico” en mi disciplina se suele entender como algo reduccionista. ¿Qué dirías frente a la crítica que afirma que investigaciones como la tuya no consideran el valor intrínseco de una obra de arte como Cien años de soledad?

A.S.A.: Lo que comentas sobre el reduccionismo es acertado porque las disciplinas (no solo la sociología) crean fronteras alrededor de aquello que consideran significativo y valioso para estudiar. Cuando estas fronteras se vuelven impermeables, por desgracia acaban ahuyentando a los colegas de las disciplinas vecinas. En el caso de los textos literarios, los sociólogos suelen enfocarse en el contexto que rodea a la obra, ya que creen que en ese contexto están las claves para interpretar el texto. Por el contrario, mis colegas en estudios literarios prefieren estar más cerca del texto; una estrategia que consideran clave para entender la obra. Sin embargo, la mayoría de los sociólogos perciben que el enfoque de los estudios literarios en el texto es otra forma de reduccionismo. Creo que hay algo de cierto en esta afirmación. En un intento de evitar este y otros reduccionismos, escribí Ascent to Glory para sociólogos, colegas de estudios literarios, historiadores y lectores interesados en una historia sobre la creación y el inesperado éxito internacional de una obra de arte. Para escribirlo, me inspiré en el trabajo de investigadores que han unido el contexto y el texto. Uno de ellos es Mario Santana, profesor de literatura española de la Universidad de Chicago, cuyo Foreigners in the Homeland (2000) es un excelente análisis literario, histórico y sociológico sobre cómo fue recibida la novela del boom latinoamericano en España.

Mucho antes de dedicarme al estudio sociológico de lo literario, mi amor por la literatura me motivó a aprender idiomas, ya que quería poder leer las obras que me gustaban en su lengua original. Sin duda, los textos literarios ganan y pierden al ser traducidos, pero ni la mejor de las traducciones es capaz de reemplazar el placer de leer a los personajes de las novelas de William Faulkner hablando con el acento del sur de los Estados Unidos o la precisión de las descripciones de Gustave Flaubert en francés o la musicalidad de los poemas de Aleksandr Pushkin en ruso. Estudié estos y otros idiomas para disfrutar las obras literarias desde dentro. Además, soy un lector empedernido de ediciones críticas y anotadas de textos clásicos. En Ascent to Glory, este respeto que siento por el texto original de una obra me llevó a estudiar el mundo de las relaciones sociales y de los textos literarios que hicieron posible que García Márquez pudiese imaginar Cien años de soledad. Además di un paso nuevo en la interpretación del texto, embarcándome en algo que nadie más había hecho hasta ahora con esta novela. Viajé a ocho países en tres continentes para buscar en archivos y bibliotecas todos los manuscritos supervivientes, las versiones intermedias y los primeros borradores preservados de la novela. Leí con cuidado estos textos y los comparé, palabra por palabra, con el texto final de la novela publicado en 1967. Gracias a esta lectura atenta y comparada (comparative close reading), que me llevó semanas, pude entender cómo se produjo el texto. Para hacer esto, usé una metodología llamada Crítica genética que busca rastrear la creación textual de un manuscrito de principio a fin. Lo que encontré sobre Cien años de soledad fue sorprendente. Descubrí lo mucho que el texto había evolucionado a lo largo de los años, especialmente en las últimas etapas de su producción, cuando García Márquez publicó siete capítulos por adelantado en revistas y periódicos de América Latina y Europa. Al documentar estos cambios en la obra y al explicar cómo y por qué se hicieron, Ascent to Glory ofrece una nueva manera de interpretar la novela.

Además Ascent to Glory ofrece otro marco interpretativo para entender Cien años de soledad. En vez de ser yo solo (el investigador) el que interpreta el texto para los lectores, lo que hice fue recopilar lo que más de trescientas personas en casi noventa países han dicho sobre esta novela en más de cuarenta idiomas desde que fue publicada. Para mí, esta es una manera de probar a mis lectores lo importante que es la interpretación del texto en mi libro y mostrar cómo la interpretación puede ser más inclusiva y colectiva, porque incluyo las opiniones sobre la novela (y sus significados) de una enorme constelación de voces que va más allá de los sospechosos habituales (los académicos y los críticos literarios). Al agrandar el coro de voces interpretativas, descubrí que una obra clásica es clásica porque es apropiada por los que llamo “brókeres culturales” (cultural brokers), que incluyen desde lectores anónimos hasta celebridades que ayudan a que una obra de arte tenga vida propia.

I.M.S.P.: Dos de las cosas que me parecen más interesantes de tu libro son la noción de “creatividad en red” (networked creativity) y el método de la “indexicalidad” (indexicality). ¿Podrías explicar a qué te refieres con ambos y cómo nos ayudan a entender la creación y circulación de las obras de arte?

A.S.A.: Con estas dos herramientas intento mostrar las maneras en que el texto y su contexto se encuentran y se cruzan. También busco descentralizar al escritor prestando atención a la obra de arte en sí misma y al universo de relaciones sociales y textuales que hacen posible dicha obra. Acuñé el término de “creatividad en red” como un antídoto contra la idea del genio creativo, según la cual una (gran) obra de arte es el producto de un genio solitario. Sin duda, este mito domina la opinión popular sobre cómo García Márquez escribió Cien años de soledad. Según nos cuenta el mito, el escritor dejó su trabajo y creó el manuscrito de la novela solo en su estudio, trabajando sin parar durante dieciocho meses, mientras su esposa cuidaba de la familia y el hogar. Cuando acabó el manuscrito, lo mandó a un editor que se quedó maravillado por la obra y la publicó. Lo siguiente fue el éxito instantáneo y mundial.

Como muestro en Ascent to Glory, la historia detrás de este mito es fascinante. Mientras escribía mi libro, me di cuenta de que el verdadero genio detrás de esta novela era la red de personas que ayudaron a García Márquez a imaginarla y escribirla. Al menos doce individuos estuvieron íntimamente involucrados en el proceso de escritura. Algunos de ellos, como los escritores María Luisa Elío, Jomí García Ascot y Álvaro Mutis, visitaban a García Márquez casi todos los días para saber cómo iba avanzando el manuscrito. Otros, como los escritores Carlos Fuentes y Plinio Apuleyo Mendoza, se cartearon con García Márquez desde América Latina y Europa. Estas cartas están llenas de historias sobre cómo García Márquez luchaba para escribir Cien años de soledad y llenas de consejos de sus amigos sobre cómo resolver problemas técnicos de la escritura, como el tono narrativo y el estilo. Otros amigos ayudaron al escritor haciendo investigaciones para él sobre temas como la alquimia, de manera que no tuviera que dejar de escribir. Esta red robusta de colaboradores es la razón por la cual Cien años de soledad acabó siendo la novela que es.

La idea de creatividad en red es útil para entender qué sucede en las etapas de imaginación y producción, es decir, en los momentos en que el artista está imaginando y haciendo la obra de arte. Pero lo que pasa después, en la etapa de circulación, cuando la obra ya está en el espacio público, es diferente. En esta última etapa, el artista y sus colaboradores acaban perdiendo el control sobre la vida de la obra de arte. Para entender esta etapa, me parece útil el concepto de “indexicalidad”, que se refiere a cómo las personas le dan sentido a una obra artística. En el caso de Cien años de soledad, ninguno de los individuos que más ayudaron a producir la novela hace medio siglo sigue vivo. Sin embargo, su desaparición no impide que la novela se siga leyendo y circulando en todo el mundo. Esto sucede porque, conforme pasa el tiempo, el poder sobre la obra de arte se transfiere del artista y sus colaboradores a los brókeres culturales que mencioné antes.

En Ascent to Glory, muestro cómo estos brókeres se apropian de elementos de Cien años de soledad. El comienzo de la historia (cuando el coronel Aureliano Buendía recuerda su descubrimiento del hielo), el ascenso de Remedios, la Bella, la lluvia que dura más de cuatro años en Macondo y otros momentos de la novela se han vuelto significativos para miles de lectores. Es decir, los lectores recurren a estas escenas para entender circunstancias y situaciones, algunas son profundamente personales y otras ampliamente colectivas. Por ejemplo, las personas han indexado la plaga de insomnio en Macondo para intentar explicar la pandemia de la COVID-19. De la misma manera, el descubrimiento del hielo, el ascenso de Remedios, el pueblo de Macondo… se han indexado una y otra vez. Esta significatividad (meaningfulness) ha tomado la forma de patrones de recepción de la novela que se repiten mundialmente. Esos elementos de la novela se han convertido en unidades de significación (o lo que llamo índices) que otros lectores y hasta personas que no han leído Cien años de soledad usan en momentos cotidianos. Por supuesto, esta novela no es la única obra clásica que ha cobrado vida de esta manera. Quijotesco, “ser o no ser”, Kafkiano… son ejemplos de índices que han sido apropiados por brókeres culturales por multitud de razones. En Ascent to Glory, sigo el recorrido de los índices provenientes de Cien años de soledad. Algunos de ellos, como Macondo, se usan hasta en el universo; una estrella a más de noventa y un años luz de la Tierra lleva el nombre del pueblo. Las novelas clásicas tienen esta capacidad de adentrarse en nuestras vidas de maneras que no podemos anticipar y lo hacen a través de índices.

I.M.S.P.: Para terminar, me parece que en el centro de nuestra conversación está la distinción entre dos maneras de estudiar lo literario: el análisis del libro como objeto y la lectura de su mundo imaginario. ¿Qué piensas de esta distinción?

A.S.A.: Ante todo, creo que es una distinción importante. No podemos olvidar que los libros son objetos sociales, lo cual implica que su imaginación, producción y circulación se rigen por valores, normas, grupos, instituciones y culturas. A la vez, las obras literarias (especialmente las de ficción) buscan crear mundos de imaginación que requieren interpretación. Sin embargo, me parece que los libros clásicos necesitan que se suspenda esta distinción. Los clásicos son objetos sociales que viven una vida más larga porque transcienden su contexto de origen y lo logran al construir un mundo propio más allá del texto escrito en sus páginas. Este mundo imaginado, que cambia constantemente (porque nuestras sociedades no están congeladas en el tiempo), incluso aunque el texto de la obra clásica no cambie, genera una fuente interminable de posibles interpretaciones del texto. En un clásico, lo social y lo textual se vuelven uno. Hoy, millones de personas, consciente o inconscientemente, viven en un mundo social que ha sido en parte forjado por la circulación global de Cien años de soledad como texto y como mundo imaginado. Esto ha ocurrido gracias sobre todo al éxito mundial del género conocido como realismo mágico. La pandemia de la COVID-19 es otro ejemplo. Miles de lectores han acudido al tercer capítulo de la novela, donde una plaga infecta a los habitantes de Macondo, para ver cómo sus gentes afrontaron esa epidemia y para pronosticar cómo iba a ser su mundo (y quizá el nuestro) después de que ellos (y quizás nosotros) se recuperaron de la epidemia.

Traducción de Dominique Lear

 

Dominique Lear es escritora y editora. Nacida y criada en la Ciudad de México, es fundadora y editora de Xeno, una publicación que les da la espalda a las historias que emanan de los centros tradicionales del poder. Ha presentado sus investigaciones sobre Carmen Balcells y el boom latinoamericano en el Center for Spatial and Textual Analysis de Stanford University, el Institute for World Literature de Harvard University, NYU Abu Dhabi y el Centro Documental Carmen Balcells como parte de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Vive en Nueva York.

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En nuestro decimoctavo número, destacamos la obra de la reconocida poeta cubana Reina María Rodríguez, junto con la de João Cabral de Melo Neto, gran poeta brasileño y tercer escritor latinoamericano en ganar el Premio Neustadt. También presentamos a poetas mujeres latinoamericanas, literatura indígena de Brasil y nuevos libros en traducción, además de un rescate del ensayo a través de las palabras de Mariano Picón Salas.

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