La herencia de Rafael Reyes-Ruiz

La herencia. Rafael Reyes-Ruiz. Gainesville, Florida: La Pereza. 2020.

La herencia, la nueva novela de Rafael Reyes-Ruiz, profesor y antropólogo colombo-americano, recorre caminos ya conocidos por sus lectores. Como en su trilogía previa: El cruce de Roppongi (Las ruinas, Alfar, Sevilla, 2015; La forma de las cosas, Alfar, Sevilla, 2016; El samurái, La Pereza, Gainesville, Florida, 2018), La herencia nos vuelve a confrontar con las preguntas de identidad, globalización y memoria histórica. La historia, nos lleva además, a encontrarnos con personajes ya conocidos de los otros libros, recorriendo espacios también familiares para el lector: las calles de Tokio, los bares en Bangkok y las memorias infantiles de los protagonistas en Bogotá.  

A la cartografía ya conocida de Reyes-Ruiz se suma en esta novela una nueva ciudad: Dubai. Su silueta aparece como telón de fondo en varias escenas de la historia desde donde ésta observa impasible a unos personajes vulnerables y perdidos. Se describe, además, con detalle sus diferentes paisajes urbanos: no solo se retratan los edificios icónicos como los excéntricos centros comerciales, con sus lujosos hoteles y restaurantes, sino también las carreteras con coches a altas velocidades, los aparatosos accidentes de tráfico, el metro con su población multicultural, la zona roja. Dubai deja de ser el panfleto turístico que existe en el imaginario del siglo XXI y se desvela en un nivel más profundo, con su lado oscuro y sus carencias.

Al final del segundo capítulo del libro, Tony se encuentra en una esquina con un historiador y desde allí contemplan el Burj Khalifa, la torre más alta de Dubai. Esta les recuerda un manuscrito medieval, el Turris Babel de Athanasius Kircher, un pensador jesuita del siglo XVII. La mención de la torre de Babel no es fortuita como no lo es nada en este libro. La novela de Reyes-Ruiz es un cúmulo de mezclas culturales, de lenguas y lugares, en el presente y en el pasado; y Dubai es el escenario perfecto para situarla.

Al comienzo de la novela, los protagonistas, Tony y Adriana, acaban de llegar a esta ciudad huyendo de las mafias japonesas para rehacer su vida. La historia se desenvuelve como un abanico en el cual descubrimos que los personajes habían estado antes juntos en Tokio y luego se escapan por caminos diferentes para llegar al final al mismo lugar. En la nueva ciudad, extraña para los dos, Tony y Adriana desarrollarán historias paralelas caminando por los mismos bares, coincidiendo en fiestas sin saberlo, conociendo a personas que están relacionadas para, al final, muy al estilo del autor, volver a encontrarse. Los personajes de Reyes-Ruiz no pueden huir unos de otros, como si unos hilos invisibles mantuvieran unidos sus destinos para siempre.

La novela reitera la idea de interconexión en varios niveles más. La vida de Adriana gira alrededor de un objeto: un bargueño colonial que su abuelo le dejó de herencia. Este representa una conexión con su familia, su pasado y su identidad; a la vez que le brinda una posibilidad de seguir adelante con su vida. Por otro lado, el origen en sí del baúl es complejo y da cuenta de una larga historia de convergencias, encuentros y desencuentros entre culturas, religiones y pueblos a través de los siglos. Todo está conectado, dicen en varias ocasiones los personajes, y eso nos lo confirma la novela misma.   

Esta es, sin duda, la más ambiciosa de las novelas de Reyes-Ruiz. Por un lado, en ella convergen personajes y lugares que ya eran conocidos para sus lectores. Por el otro, la novela está colmada de múltiples historias, algunas de las cuales quedan solo esbozadas. Historias de temas tan amplios como los mercenarios contratados para la seguridad de Dubai, los manuscritos medievales, las mafias japonesas, la expulsión de los sefarditas. Quizás todo está conectado, como lo asegura reiterativamente el profesor Deenik, o quizás esta afirmación es una especie de anuncio de que el autor está dejando las puertas abiertas a nuevas novelas en las que se seguirán atando los cabos que sus lectores quieren descubrir.

Claudia M. Mejia Trujillo
Universidad Americana de Kuwait (AUK)

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