Historias al ritmo de Chacalón de Fernando Carrasco

Historias al ritmo de Chacalón. Fernando Carrasco. Lima: SINCO Editores. 2020. 166 páginas.

En su nuevo libro de cuentos, Historias al ritmo de Chacalón (Lima, 2020), Fernando Carrasco Núñez continúa su exploración sobre temas vinculados al mundo del hampa. Carrasco es un narrador que aborda temas tan variados como la muerte, la traición, la nostalgia de la tierra, el desamor, entre otros, pero todos vistos desde sujetos marginales.

Debido a su título y portada, el libro puede ser confundido con un homenaje directo al cantante peruano de música chicha, Lorenzo Palacios Quispe, mejor conocido como “Papá Chacalón”. Sin embargo, otro es el camino. Estos cuentos me hicieron recordar El llanto del ayaymama, la novela donde Welmer Cárdenas Díaz relata la historia del mítico grupo Juaneco y su Combo. Leí el primer relato “Los Once Chavetas” con la expectativa de hallar a Chacalón como un personaje, o al menos una historia ambientada en alguno de sus conciertos. Pero no es Chacalón, sino su música el elemento más importante en las historias de Carrasco. Las letras sufridas de la chicha están presentes en los jolgorios de barrio (“Los Once Chavetas”) e incluso sirven de inspiración para la misma vida de los personajes (“Al ritmo de Chacalón”).

El monólogo dramático presente en los siete relatos que componen Historias al ritmo de Chacalón no sólo silencia al narrador —cuya presencia se confunde con la del mismo autor—, sino que convierte a los personajes en responsables de sus testimonios. De esta manera, el autor ha logrado darle voz a quienes no la tienen. Los personajes de Carrasco viven en la miseria económica y moral, son sujetos que habitan aquellos barrios capitalinos por los que preferimos no transitar. Personajes como Chaveta, Chatín, Metralleta nos hacen cambiar de acera o esconder nuestras pertenencias. Pero, en su mundo narrativo, Carrasco ha logrado que sigamos a estos sujetos, atentos de qué harán o qué decisiones tomarán. 

A la mitad del segundo relato (“Carehuaco”) no podía dejar de preguntarme si el libro fue concebido para experimentar con el recurso del monólogo dramático y si las historias eran meras excusas para poner a prueba este instrumento estilístico. Creo que la empatía que como lectores logramos establecer con los “olvidados” de Carrasco no podría haberse logrado mediante un narrador omnisciente u otra técnica narrativa. El uso del monólogo nos permite conocer la esencia de los personajes: su forma de hablar, de pensar y sentir. Pero su uso no es solo estético ni una simple estrategia para cautivar al lector o hacer los personajes más verosímiles. El monólogo dramático en Historias al ritmo de Chacalón es un acto político. Y qué acto más político que dar voz a quien no la tiene, y concederle humanidad a quien la sociedad ha despojado de su dignidad y derechos. Fernando Carrasco ha logrado que el lector cuestione aquellos valores propios de una clase privilegiada peruana, según la cual la pobreza y la marginalidad son una elección personal, y que triunfar en la vida es solo una cuestión de voluntad. Por boca misma de los personajes nos damos cuenta cómo la sociedad, en su conjunto, con sus leyes, dinámicas e injusticias, determinan el curso de nuestras vidas.

Esta dinámica narrativa donde el escritor silencia su voz, pero no su presencia, se configura desde el primer relato (“Los Once Chavetas”) y es el sello personal del libro, aunque algunos relatos no serán narrados íntegramente por sus propios protagonistas. En “Robacarros”, un taxista cuenta cómo un accidente que sufrió su hijo lo llevó a delinquir para pagar los gastos médicos. En este relato alternan el discurso del propio protagonista y el discurso de un narrador omnisciente. En “El retorno de Carmela”, una muchacha (Carmela) cuenta los problemas que le trajo el alcoholismo y cómo logró superarlo. En este relato van cambiando la primera y la segunda persona. Carmela le cuenta su historia personal a su profesor de un taller de narración (primera persona), y a su vez se deja oír la voz de la conciencia de la misma protagonista que recuerda y reflexiona sobre sus problemas de alcoholismo (segunda persona). 

Fernando Carrasco nos entrega una nueva mirada sobre Lima, nos muestra la humanidad de sujetos marginales; ha logrado que podamos entender las historias de vida de individuos que nos atemorizan, pero ha hecho más que darnos varias historias y perspectivas sobre la vida en la barriada. Con Historias al ritmo de Chacalón, el autor ha logrado reflexionar sobre su propio oficio de narrador. El escritor se posiciona, más que como un buscador de historias. Es un oyente para quien los mejores cuentos están en la realidad, y sabe que la mejor manera de relatarlos es a través de la palabra de sus protagonistas. Con este libro, el autor ha logrado que reflexionemos sobre los límites entre la ficción y la realidad. Como lectores dudamos si esas historias sucedieron tal como nos cuentan Chaveta o Carehuaco. Pero también somos conscientes de que Carrasco ha reformulado, inventado y trabajado su estilo, para mantener la atención del lector y sumergirnos en esos barrios de Lima. 

Abraham Vargas Bautista

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