Cuatro poemas de Las grandes margaritas de la noche

 

Foto: @abnervalero, Unsplash.

[Debajo de la mesa 
con Louise Bourgeois]

Somos garantes de casas por las que corre el imperdible 
somos el que siempre perdías y te obligaban a buscar 
somos la sala de estar la mesa donde nunca estaba
somos dos debajo de la mesa, miedo y cascanueces
somos él – de lejos de perfil y de frontal ternura – y ella
su pecho de alcanfor y voces. Como un glaciar
en cada ojo una lágrima se guarda         deslizándose 
en objetos cotidianos se halla el imperdible    a solas
somos garantes de Casas frágiles, Casas vacías en sobremesa
las somos campantes y vulnerables en este mundo
somos de nuestra incidencia la visión de un maratón
somos el extranjero que a veces sin correr nos persigue.

 

[Nubes al oído / peces
de Toyen / Marie Čermínová]

extranjero: el relato es corto, cortísimo. El cascanueces
ausländer: peces fluorescentes destinados al Otro
extranjero: historia-nuez como la que me fue dada a mondar 
ausländer: de otras tierras [ausente] en sus diáfanos reinicios 
extranjero: ¿quién sabe sostener el alma? ¿Y sabe quién besa? 
ausländer: rostro que se desiguala minucioso 
extranjero: el ojo se cierra cuando es obligado a ser solo ojo 
[se arrostra] 
ausländer: no te dejes cauterizar los vasitos capilares. Ellos son una
suerte de pequeños subterfugios 
extranjero: doble espiral celta / ojo atascado en una piedra
ausländer: el trayecto se organiza en función a su final 
premeditado
extranjero: el oído pone el ojo donde el mundo no se asombra
ausländer: cuando el silencio se reparte
su matemática no es impura 
extranjero: salva nos 
ausländer: cuánta tierra a la vista liquidando nubes al oído
extranjero: peces nuevos cercos de desahogo y desgobierno 
ausländer: la segunda escisión resulta irreversible 
extranjero: acuario [dolorosa intuición] boquear                    
ausländer: nuestro único capital es lo desconocido
extranjero: no borres la luna-hiedra de tus manos. El cascanueces 

 

[Té de penumbra 
con Hokusai y la sempiterna ola]

36 vistas del Monte Fuji de neblina de perfil y marea sempiterna 
36 veces se eleva una pared líquida de la costa de Kanagawa
36 dedos sacan sus garras de espuma blanca. 36 olas invisibles
36 xilografías sugieren el ciclo de la vida
36 asanas de orden universal y el yin-yang en su natural apogeo
36 meditaciones sobre vacío y plenitud 
36 origamis desdoblan el mismo drama. 36 cirros me llevan la mano
36 expediciones de las que regreso con
el mismo fajo de cartas y sin liebres 
36 ventarrones [de Ejiri en la provincia de Suruga] bastan 
para innovarte: el relato es corto
36 prórrogas de papel. 36 grullas plantean nuevas leyes de
migración, yéndose por las ramas. 36 cuadernos de Kafka
36 tautologías desde que estamos en conversación 
bajo mi lámpara. 36 cántigas pero nunca
nunca fue tan amargo el día de San Rafael en Córdoba
36 tarros de té de penumbra
para guarecerse mientras el encandilamiento 
36 migajas bastan a mi perro guardián para entretenerse 
con el idioma del pan    
36 granos de arroz equivalen, en su blancura, a cien años de Einsamkeit
36 caminos de carne han transitado la niña y su perro guardián
36 mujeres parias contra un solo Zeus [Deméter / Perséfone]
36 ejercicios de claridad sin derecho a ocultar el sol
36 olimpos y una sola fruta
dulce
36 islas rezuman lo que habría que traducir pero no traducen 
36 pinos rojos humedecen mi lengua
36 veces ¡oh, Hécate!, diosa liminar 
― ¡diles que no me rapten! En aguas llenas. 

 

[Desde el blanco 
terregal de Armando Reverón]

pasamos buena parte de nuestros días 
deforestados en el bosquejo
mientras ellos por cuenta propia
entre franjas níveas se tercian 

buena parte de nuestros días pasamos
invirtiendo cuencos de té
en el lavaplatos para luego retornar
crédulos sin saber si algún día

otros con sus grandes ráfagas blancas 
recobran con piezas de otras
casas impenetrables. Lienzos innatos
El Castillete. La estepa de cada día 

un día nos separa del primero hasta que 
la violencia de nuestra insolvencia 
a nuestro relato liminar recula
a la sombra de la Luz tras mi enramada 

la mitad de la vida he transitado 
pueda que me halle en el puerto de Génova  
pueda que sea un gesto superviviente
intercalando ficciones para que existas

Poemas del libro inédito Las grandes margaritas de la noche

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LALT No. 18
Número 18

En nuestro decimoctavo número, destacamos la obra de la reconocida poeta cubana Reina María Rodríguez, junto con la de João Cabral de Melo Neto, gran poeta brasileño y tercer escritor latinoamericano en ganar el Premio Neustadt. También presentamos a poetas mujeres latinoamericanas, literatura indígena de Brasil y nuevos libros en traducción, además de un rescate del ensayo a través de las palabras de Mariano Picón Salas.

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