Derrota de mar de Marco Antonio Murillo

Derrota de mar. Marco Antonio Murillo. Colima: Jaguar Ediciones, 2019. 86 páginas. 

Dicen que mucho se ha escrito sobre el agua y es cierto; los cuestionamientos sobre la exploración poética de este elemento lo sitúan en la obsolescencia o como un cliché en la escritura proveniente de algunas regiones. Sin embargo, existen propuestas poéticas que dignifican la exploración alrededor de los elementos naturales, siendo que, en su complejidad, las inquietudes sobre estos no se terminan.

Derrota de mar (Jaguar Ediciones, 2019), libro más reciente de Marco Antonio Murillo, plantea un diálogo entre un personaje y el agua en sus formas y contradicciones. En la propuesta de Murillo el agua es otro personaje, un ser que toma varios cuerpos, con carácter e impulsos propios. Con riesgo de parecer anacrónico y utilizando un elemento tan explorado, perder el equilibrio en el tratamiento del tema puede suceder con facilidad. El autor, sin embargo, se mantiene siempre en la línea y nos entrega una escritura sensible y de mucha claridad.

Siendo que solamente se conoce —científicamente— alrededor del 5% de los océanos, ¿realmente se nos acabaron las formas para decirlos? Murillo cree que no y escribe un libro conformado por varias partes que funcionan como retratos del agua. Entonces vemos, por momentos, un mar bravo y temperamental, destructor; en otras ocasiones es un río calmo y suave, fuente de vida, compañero.

Explorar el agua y sus anversos no admite un abordamiento ligero. Con certeza, el que quiera escribir sobre el mar, lo hará a la manera de un oceanógrafo: sabiendo que quizás encuentre algo, pero no sabe qué es. Ya decía Jacques Cousteau que, de haber sabido lo que hallaría en sus expediciones submarinas, no hubiera ido. La incertidumbre es el impulso de lanzarse al agua, y a su escritura.

En este sentido, Derrota de mar es el resultado de una expedición larga y consciente. El agua —a veces mar, a veces río, a veces agua— es un escenario con posibilidades de acción simultánea: un clavadista en inmersión, pájaros que construyen nidos, un ebanista que talla un barco, alguien que encuentra una carta. El mar permite la recreación de la belleza y, en ocasiones, es partícipe del desastre. El agua unifica a las criaturas de este libro y las que existen fuera de él.

Están presentes, a lo largo del libro, varios puntos líricos en donde Murillo guía la exploración del lenguaje como un sitio lleno de imágenes y sonoridades, reconocibles también en la lectura de poetas como Saint John Perse y José Carlos Becerra. Sus ecos saltan como peces y dan luz, también, a la construcción de los poemas.

Más allá de ser un escenario, el agua es un ser con cuerpos, temperamentos e impulsos distintos. En “Mascarón de proa”, por ejemplo, se habla sobre los oficios que trabajan con el agua y su dualidad: el ebanista, el clavadista, las hilanderas.

“Mar en junio” es la parte más contemplativa del libro y aquí se escribe sobre lo que ocurre en la parte más visible del agua. La convivencia entre las formas de vida que están dentro y fuera de ella. Frente a ese escenario, uno se cuestiona si todo aquello está siendo imaginado o existe a pesar de la observación. El ejercicio contemplativo en esta parte sirve como un puente, hacia lo que viene después.

Al final del poemario leemos “Carta de relación”, un poema largo que a manera de relatoría —como lo hacían los exploradores— cuenta lo que pasa luego de un desastre. El agua también destruye y desgasta. El paso del huracán es la metáfora en la que se gesta otro desastre impalpable: la forma en que dos naturalezas distintas se erosionan y se desgastan, como ocurre con la mayoría de los vínculos humanos.

El amor es huracán y desastre. Como el huracán, el amor entra en las intimidades, destruye nuestros lugares seguros, nos despoja de todo, nos derrota. Lo único posible, después, sería tomar lo que quede y comenzar a reconstruir. Luego del desastre Derek Walcott celebraría que aún estamos vivos. El lector es un náufrago que ha sobrevivido a la belleza y los anversos del agua y el amor, alguien que contempla la derrota y revive sus batallas perdidas.

Derrota de mar es un libro que va más allá de la exploración de su elemento principal. El cuaderno de viaje de Marco Murillo es una confrontación del protagonista de la historia, pero también del que la lee. Las pérdidas deben ser contadas por su valía y lo que dejan en nosotros; es así que, como en los océanos, nos sumergimos a la exploración de las emociones que nos deja el desastre.

Irma Torregrosa
Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes de Yucatán

 

Irma Torregrosa es una poeta mexicana. Estudió la licenciatura en Comunicación Social por la Universidad Autónoma de Yucatán UADY y Creación Literaria en el Centro Estatal de Bellas Artes CEBA. Fue becaria de verano de la Fundación para las Letras Mexicanas FLM en 2011, 2012 y 2015. Obtuvo el Premio Regional de Poesía José Díaz Bollo 2012 y el XLII Premio Hispanoamericano de Poesía San Román 2017. Recientemente publicó el poemario Piélago (Cuadrivio, 2020).

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