Una violencia sencilla de Lorena Huitrón Vázquez

Una violencia sencilla. Lorena Huitrón Vázquez. Veracruz: Instituto Literario de Veracruz, Secretaria de Cultura y las Artes de Yucatán, Secretaría de Cultura de Veracruz. 2016. 72 páginas.

Pensar en la herida y la cicatriz es apelar a las palabras que nombran lo roto para luego enhebrar el discurso de la violencia y el dolor, más tarde vendrá quizá la reconstrucción. Una violencia sencilla, libro ganador del Premio Nacional de Poesía Experimental “Raúl Renán” 2015, de Lorena Huitrón Vázquez es una reflexión que se bifurca por los distintos lugares de la violencia ejercida sobre el cuerpo. En el epílogo nos cuenta la génesis del libro:

Una violencia sencilla surgió a partir del diálogo con un negro en la fiesta de San Mateo que se celebra en Naolinco, Veracruz […] También fue un diálogo con sus cicatrices y las de otros, otros casos, otros lugares. Me resultó muy útil consultar varias fuentes, entre ellas El cuerpo herido de Cristóbal Pera, Historia cultural del dolor de Javier Moscoso, Antropología del dolor de David Le Breton, así como diccionarios de cirugía, libros sobre cicatrices y artículos médicos. Menciono casos clínicos de seres queridos y de otros.”

La autora ha dado al lector las rutas por las que el libro transita, ha establecido las coordenadas y los diálogos que sostuvo con distintas fuentes. Sin embargo, visto de este modo, el lector podría sentirse tranquilo, pues en el epílogo quedaría acabada la explicación del libro. Afortunadamente no es así, ya que lo anterior ni resume ni sintetiza el contenido de Una violencia sencilla. Su exegesis va mucho más allá, los derroteros por los que transita su lectura son múltiples porque un buen libro es la suma total de sus partes, es el engranaje exacto de las estrategias que sigue el autor. Es la inteligencia puesta en las palabras correctas. 
 
Abro el libro y el texto inaugural me agita, algo me sacude y pienso que está bien porque de eso se trata: el abandono de lo previsible. El poema nos cuenta una anécdota, lo hace mediante un lenguaje coloquial y llano; ausencia de metáforas o tropos literarios. Estamos frente a una narración sencilla que deja del lado la retórica grandilocuente:

En la primaria nos pidieron hacer una muñeca de trapo
Para aprender las partes del cuerpo.

Fue nuestro acercamiento a la cirugía.

Rellené a la mía de arroz, 
La vestí a cuadros con su cabello de estambre café. 
Mi madre le pintó unos labios pequeños,
Trazó una v invertida de nariz respingadita,
Ojos almendrados y pestañas largas. 

Fui cirujana al coserla con hilo rojo,
Mis puntadas fueron discontinuas,
La aguja era muy gruesa,
Sin punta para no pincharme y llorar.

La presenté al día siguiente,
Hablé poco, volví al pupitre, 
La recosté mientras el resto de mis compañeras
Presentaban a sus pacientes. 

Predomina un sentimiento de candidez en el texto, la voz poética narra un recuerdo que en principio puede parecer inocente. Más tarde la autora introduce una cita que cambia el tono porque algo irrumpe, ya no es una voz que remite a la infancia, se trata de otra cosa: 

En el siglo XXI a una mujer le hicieron una mastectomía sin anestesia, se mostró hierática durante la cirugía y al terminar pidió disculpas, se vistió, lloró. De esto nada sabíamos, mucho menos que esa mujer se llamaba Alie.

Así debimos llamar a nuestra muñecas. 

Cito completo el poema porque éste de alguna manera define la ruta que seguirá el libro; Lorena Huitrón consigue de buena forma hilar los poemas con citas de distintas fuentes (las que ella misma señala en el epílogo), los vasos comunicantes que se establecen entre algunos textos y las diversas fuentes consultadas son sin duda reveladores. En este sentido, buena parte de la poesía mexicana contemporánea desde hace algunas décadas rebasó los discursos estables, sus temas ya no versan únicamente sobre la metafísica o lo trascendental; ésta se escribe a partir de estrategias y diálogos con diversas disciplinas, fuentes que se hacen evidentes a través de recursos como el reciclaje, la copia, la recontextualización, el dialogismo inter y transtextual. Técnicas que suponen una relación dinámica y colectiva del autor con el lenguaje en uso constante. En el caso de Una violencia sencilla, encontramos en mayor o menos medida algunos de estos recursos aplicados de manera certera e inteligente. Lorena toma como leitmotiv el cuerpo y las cicatrices, en torno a ello establece una reflexión que se mueve en el terreno de lo poético y lo narrativo: “No importa cómo te cortes o pinches, estableces complicidad con la herida que está a punto de surgir. El mundo está trazado por fibrosidades incómodas”. Una violencia aplicada al cuerpo, pero en este libro focalizada mayormente (aunque no nada más) al cuerpo femenino (recordemos que en el primer poema la autora usa el símil de la muñeca). 

Pienso en el título del libro y debo confesar  que cuando Lorena me habló de él, algo en mí quedó conmocionado, pensativo quizá porque la unión de las dos conceptos que lo conforman refieren a aspectos antitéticos: Una violencia sencilla. Es que la violencia nunca es sencilla. Luego vinieron las preguntas: ¿cómo escribe sobre la violencia Lorena Huitron? ¿mediante qué recursos? ¿con qué herramientas? ¿qué historias se cuentan? Arriba decía que la manera en la que los poemas dialogan con otros libros de orden histórico, médico, científico es acertada. Luego la forma tan particular en la que la autora aborda los temas es sin duda el punto más fuerte de este libro, me atrevo a considerarlo así porque es aquí donde se evidencia y transparenta una voz que no se confunde con otras voces de la poesía mexicana. Hablo de un estilo particular, una escritura que ya se advierte sólida. 

Antes de seguir avanzado otra pregunta me asalta: ¿hay acaso una estetización superficial de la violencia en cualquiera de sus formas? Cabe señalar que particularmente esta interrogante persistió más que las otras, esto tiene que ver con mi interés particular y personal sobre el tema de la violencia que se vive hoy en día en este país. Me interesan poderosamente las escrituras poéticas que abordan estos tópicos, valga decir que sobran los libros bien escritos y mal escritos sobre el tema (hay que decir también que muchos acuden a recursos facilones y efectistas).

Intento en este sentido ser objetiva, acercarme al libro con la cautela que se debe, pero como antes ya lo apunté, desde la primera página de Una violencia sencilla me encuentro con un libro que se antoja distinto. Es sabido que en poesía no importa el qué sino el cómo, dicho en otras palabras, no importa de qué se escriba sino cómo se escriba. Hablo de las estrategias y los recursos que sigue la autora para escribir sobre la violencia, el cuerpo y la enfermedad. Hablo aquí del lenguaje de Lorena Huitrón, de su toma de partido frente a la escritura. 

Otro recurso que utiliza la autora y que me parece sumamente relevante porque resulta poco común en la poesía mexicana es el humor, la ironía o la sátira. Recordemos que nuestra tradición ha privilegiado el tono grave y solemne. Sin embargo, Lorena rebasa esta constante, lo que a mi parecer la convierte en una de las pocas escritoras que incorporan el humor a sus textos, lo hace de una manera lograda y efectiva: “En el quirófano te dan pelotitas anti estrés mientras el ojo se atraganta de colirio y radiaciones. Como si le metieran una serie de luces navideñas y el enchufe cayera hasta el fondo del estómago  y dejara pasar su tintineo por todo el organismo”.
 
Para finalizar me gustaría apuntar algunas líneas sobre el libro pensado en el contexto de la poesía mexicana actual: ¿cómo dialoga Una violencia sencilla con otros libros recién publicados? Es que necesariamente debe existir una apuesta, algo ganado, algo que sume. El libro de Lorena apunta desde lo temático a una preocupación que está presente en muchas de las escrituras recientes: la violencia. Lo hace desde un estilo muy particular y con una voz propia. Se inscribe también en las poéticas que abandonaron los discursos engolados y grandilocuentes, su lenguaje pugna por la llaneza o como lo dijera Gabriel Zaid: por la difícil sencillez. Hay en Una violencia sencilla un claro y evidente trabajo formal, un diálogo con otras disciplinas y lecturas bien incorporadas al texto poético. Hay una escritura que, como ya lo advertí, se distingue de todas las demás. El libro se inscribe de buena forma en esta curva que es la  poesía mexicana reciente, y desde su individualidad me gusta pensarlo conmovedor e inteligente; los adjetivos podrían ser muchos y quizá no atinaría a encontrar el que mejor lo describa, ya cada lector lo hará. Sé con certeza que bien merecido tuvo ganar el Premio Nacional de Poesía Experimental Renán porque su escritura es a mi parecer una de las más sólidas y particulares de nuestra poesía. Celebro el premio y celebro la publicación de Una violencia sencilla.

Eva Castañeda B.
 

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