Dossier: Octavio Armand

 

Obras de y sobre Octavio Armand en LALT Nro. 8:

 

"Octavio Armand y la tradición literaria cubana" de Juan Gotera

Para resaltar la radicalidad de su proyecto expresivo dentro de la cultura literaria cubana intentaré imaginar un mapa para esbozar, en un triángulo confrontado, las tensiones entre el sentido de su obra y los proyectos políticos culturales de Lezama Lima y de José Martí. Con fines prácticos reduciré el proyecto literario de Lezama a su loable pretensión de donar un destino prodigioso para la cultura cubana, eso que conocemos común –y problemáticamente– como la teleología insular. De Martí elegiré su escena final y escasamente comentada: la descripción que el Cabo Sanitario Juan Trujillo ofreciera del cuerpo del “Apóstol” cubano al reconocerlo moribundo en Dos Ríos. “Martí al caer parece que sacó su revólver”, dice el Cabo Sanitario español, “pues le vi tendido en el suelo con los brazos tendidos y el revolver en la diestra. Después de muerto observé que tenía mordida la lengua y materialmente los dientes clavados en ella”.

 

"Pensar en Overlook" de Alejandro Sebastiani

Él ya es dos: Octavio y Armand. Uno es poeta, otro ensayista. Ambos son inseparables. Es más: uno y otro van confundiéndose. Octavio, el poeta, flota en los más variados pensares, suelta la desencadenada melodía de sus idas y venidas. Su prosa emprende un camino, ya no el de Galta, ni el de La Habana, ni el de Guantánamo, sino el del español al inglés, el del Danubio a la Pavesina, el camino del aquí y el ahora, el del ahora que ya no es ahora porque justo ahora está perdiendo su hora. Armand, ensayista, tampoco abandona el impulso lírico, solo que ahora está acompañado de la anatomía, la filología, la pintura, la melancolía. Pero sobre todas las cosas Octavio y Armand son algo así como un cuerpo que gira y gira. Sí, saltan, hacen amagos, fintas, persiguen un sentido que siempre se desplaza en los confines de sus páginas en prosa, como un “ladrillo etrusco” que llega a mis manos dispuesto a interpelarme.

 

"Octavio Armand y el sombrero de Zequeira" de Rafael Rojas

El neobarroco produjo en los escritores cubanos que más asociamos con diversas asunciones de esa estética, José Lezama Lima, Severo Sarduy o José Kozer, un raro aire de familia. Aire que no se respira en el texto, mucho menos en el estilo, pero que tiene que ver con la idea del barroco como mirada y despliegue. Una suerte de parentesco forzado del que alguno de ellos, como Kozer, renegó, y que otro, como Sarduy, llevó al paroxismo con aquella frase a lo Tácito de “inscribo, en esta patria que es la página, en minúsculas y sobre una cifra, mi paso por la era Lezama”. Ese aire de familia se vuelve más tangible cuando nos movemos de la escritura a la lectura, de la poética a la política, de la invención de una autoría al contacto con la tradición cubana que esos escritores postulan.

 

"La flecha de Heráclito" de Octavio Armand

"Esa voz vino y pasó, comenzó y terminó; las sílabas sonaron y se desvanecieron, la segunda detrás de la primera, la tercera después de la segunda, y así todas las demás, por orden; y acabada la última sobrevino el silencio".

El lenguaje es sucesivo, según lo que acabas de leer en las confesiones de san Agustín acerca de la palabra creadora de Dios. Voluntad de expresión, querer querer decir, comprende secuencias que se tienen que eslabonar y que paulatinamente se deben cumplir antes de llegar a la meta deseada: ese silencio que equivale a posible plenitud. 

 

Tres poemas de Octavio Armand

¿Lo viste? Acaba de saltar
de aquel verso a este.
¿No lo ves? Está ahí mismo,
En lo que acabas de leer.
¿Acaso no lo oyes? 
¿Tampoco lo oyes?
Lástima. Se fue.  

 

Octavio Armand: "Concierto para delinquir": Una conversación con Roberto Cantú

Octavio Armand es un poeta y ensayista cubano cuya obra reunida (1974-2016) fue publicada, recientemente, en tres volúmenes: Contra la página (2015) y Canto rodado(2 volúmenes, 2016). Armand se residenció en Nueva York durante su juventud y se graduó en la Universidad de Rutgers, pero ha vivido en Caracas, Venezuela, desde hace más de 30 años, encarnando la vida de un escritor cuyos temas principales son la memoria, la búsqueda de significados plurales y conflictivos en el lenguaje, y la apropiación de tradiciones poéticas que cubren un espectro que abarca desde la antigüedad sumeria, griega y de Mesopotamia hasta la moderna Latinoamérica de Martí, Vicente Huidobro y Octavio Paz. La escritura de Armand está constituida en sí misma por palabras que han sido depuradas de excesos acumulados, como piedras pulidas en un arroyo, configurando en un movimiento creativo un poema o un ensayo en el que la experiencia estética del lector surge de niveles no comunes de interpretación. Mi conversación con Octavio Armand se concentra en su libro de poesía Concierto para delinquir (2016), pero también hablamos sobre su infancia en Cuba y sobre las poéticas que continúan insuflando vida a sus poemas, poemas en prosa y ensayos.

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