Tres poemas

 

Pacasmayo, Perú. Foto: @renzosalvador, Unsplash.

Limbo

Un día puse una piedra encima de tu nombre
y me dije: iré cantando hasta mi casa.
Y canté
como una loca sobre sus piernas fuertes
como río loco canté.
Hasta que el canto empezó a hacerse agüita rala
(ni para regar guisantes)
y entre paso y paso
se me fue perdiendo un pie.
No acierto a ver el tejado de mi casa ni el árbol
más alto
¿será que me dejé el corazón bajo la piedra?
¿mi tonto corazón junto a tu nombre?

Sé que ya no llegaré a mi casa.
Sé que tampoco puedo volver.

 

S.O.S.

La luna cuelga sobre el mar
dura y redonda como el deseo.

La noche apenas alcanza para taparme un ojo
el otro tercamente abierto sobre el mar en calma,
pero otros vientos se encadenan
para pasar por el hueco de mi corazón
para tatuar en el agua signos que son tu nombre
formas que son tus brazos alrededor de esta caída.
Duele tanto el deseo.
No sé más pero tampoco sé menos que eso.
Cruzo y descruzo mis tibias en el puente
y en cada movimiento algo parte hacia lo oscuro
y en cada movimiento algo vuelve y eres tú
y no eres tú sino la rabia de no estar
aquí y a descubierto.
El timón cae por la borda, las velas se encogen como puños
y luego el miedo
a que no seas más que este océano
a que no seas más que este corazón que se cuenta historias
porque nadie te conoce y estoy hasta el cuello de ti
o más arriba
porque me hundo en tus aguas
dura y redonda como el deseo, como la luna,
como tiene que ser.

 

Habla el Pequod

Oh las tantas maromas y dientes de cachalote 
que me adornan en pie o grito de guerra
contra la bestia solo dientecitos de leche 
y el castillo de proa, la popa, 
el bauprés, el palo mayor
o las hinchadas velas 
más valdría haber sido simplemente un ataúd 
o no salir nunca del puerto 
nunca talados los árboles que me hicieron 
navegar
me importa un bledo
el aceite que mueve el mundo
vomito por la borda
por las vueltas 
que da el mundo
ah si hubieran quedado 
tantas manos en su sitio
desde el principio
al pairo, fijas 
(como tu bello corazón:
bola de esparto
contra las vías de agua)
taponadas
cegadas manos  
desde siempre quietas 
vería yo aún pasando
en los bosques de Arrowhead
sin nombre, sin historia
dichosas, minúsculas, livianas mariposas
sobre mí 
y no estos buitres de vinagre,
pululantes, insaciables olas...

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LALT No. 17
Número 17

En nuestro decimoséptimo número, destacamos la obra de la innovadora escritora colombiana Albalucía Ángel, junto con Octavio Paz, una figura sobresaliente de las letras mexicanas y el segundo autor latinoamericano en recibir el Premio Neustadt. También presentamos al poeta peruano Eduardo Chirinos, una serie de retratos fotográficos de escritores en la pandemia, una selección de traducciones en busca de editorial, más poesía y prosa en las lenguas murui, quechua y tseltal en nuestra sección permanente de Literatura Indígena.

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Nota del Editor

Autora destacada: Albalucía Ángel

Dossier: Octavio Paz

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Sobre la traducción: En busca de editorial

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