El asesino melancólico de Jacinta Escudos

El asesino melancólico. Jacinta Escudos. México: Alfaguara, 2015. Edición Kindle.

La novela más reciente de Jacinta Escudos (El Salvador 1961) vuelve a uno de sus temas favoritos: la muerte. La novela solamente tiene dos actantes o protagonistas, una mujer llamada Rolanda Herter y un hombre, Blake Sorrow. Como la mayoría de los personajes de Escudos, ambos son seres inadaptados, conflictivos y bastante excéntricos. Roberta desea morir pero no tiene valor para suicidarse, por lo que tiene que contratar a una persona que la mate. Blake trabaja en un estacionamiento y sigue una rutina sumamente rígida y aburrida, hasta que Rolanda se presenta en el estacionamiento y le pide a boca de jarro, que la mate. Blake por supuesto queda estupefacto ante tal pedido, pero la mujer insiste. Estaba lloviendo a cántaros y Rolanda lo invita a subirse al carro y a tomar un café. Así empieza una especie de amistad entre los dos.

Jacinta Escudos se dio a conocer con Cuentos sucios (1997) donde revela ya su mirada crítica sobre la sociedad, las convenciones de la familia, el matrimonio y las relaciones amorosas. Con su novela A-B-Sudario ganó el premio centroamericano Mario Monteforte Toledo en 2002. En 2008 publicó El diablo sabe mi nombre y en 2010 Crónicas para sentimentales. En El asesino melancólico, Escudos vuelve sobre el tema que la preocupa al mostrarnos en Rolanda a una mujer que va por su segundo divorcio. El primer divorcio no le afectó tanto, en cambio el segundo ha sido catastrófico para ella, sorpresivo, porque pensaba que eran felices y la sumió en un estado de depresión suicida.

Blake por su lado es un hombre fracasado, solo, sin dinero, sin profesión, sin personalidad, sin ambiciones, es decir una persona abúlica, deprimida y sin ningún objetivo en la vida. En cierta forma Blake es también un personaje típico de Jacinta Escudos, representando toda la frustración y sinsabores de una persona que no se adapta a las expectativas de la sociedad. Blake rechaza tanto su persona como su entorno. Vive en un pequeño cuarto encima de una lavandería y el olor a jabón invade su vida todos los días. Un olor que odia, como odia también al casero y prácticamente a todas las personas que le rodean. Aunque trabajó un tiempo como contador, hizo innumerables trabajos menores para ganarse la vida y ninguno le satisfizo, hasta que consiguió el trabajo de cuidar un estacionamiento. Lo que más le gustaba de este trabajo es que no tenía que hablar con nadie, simplemente limitarse a cobrar a los clientes que ni siquiera lo miraban a los ojos. A pesar de que la vida de Blake era totalmente inútil, tampoco quería morir. Cuando lo encontramos en la novela tiene 50 años y se preocupa por lo que no ha hecho en la vida, por la falta de sentido de sus acciones y la trascendencia de sus hechos. A pesar de todo eso no se plantea la idea de morir ni de suicidarse.

Aquí se establece un contraste entonces entre Rolanda, quien parece ser una mujer de clase media alta, y Blake que vive en situación de pobreza. Después que su esposo Robert Herter le pide el divorcio, Rolanda estuvo llegando al estacionamiento donde trabajaba Blake durante veintitrés días. Se estacionaba y se quedaba en silencio, no hacía nada, no hablaba con Blake. Blake por su lado la ignoraba, no quería establecer ningún tipo de contacto o relación con una mujer que evidentemente estaba un poco loca.

Toda la novela está escrita en tercera persona, narrada por un narrador omnisciente, extradiegético, pero a partir del capítulo cuatro tenemos acceso a las cartas que Rolanda le escribe a Blake, y que nos dan mucha información sobre su vida personal y su rutina. Desde entonces empiezan a tener conversaciones que giran principalmente en torno a la muerte. Blake se resiste a participar en ese asesinato alegando que él no es asesino, que no tiene experiencia en esas cosas y que probablemente no podría hacerlo bien. Ella lo trata de convencer y le explica lo fácil que es matar a otra persona. Las cartas son cada vez más frecuentes y Blake poco a poco empieza a desarrollar cierto gusto por las mismas. Después del trabajo llega a su habitación y con gran entusiasmo lee la carta que Rolanda le ha dado esa tarde. Finalmente, Rolanda le ofrece pagarle para que la mate y Blake empieza a considerar la idea, piensa en lo que puede hacer con ese dinero, y como puede cambiar su vida.

Al enterarse que a Rolanda le gustaban las sardinas marroquíes, Blake empieza también a comerlas. Vemos entonces que hay un acercamiento entre los dos personajes por medio de la comida, y el acto de comer se convierte en una metáfora de lo que va uniendo a estas dos personas solitarias. Cuando Rolanda le entrega a Blake un sobre lleno de dinero, parece haberse cerrado el compromiso entre los dos. Blake empieza a cambiar sus hábitos modestos y se da pequeños gustos que antes eran inalcanzables. Una tarde Blake le dijo que quería que fueran al mar. En un restaurante frente al mar comieron ostras y conversaron sobre diferentes cosas. Blake tiene intenciones de terminar la relación y desea devolver el dinero. Tiene pensado renunciar a su trabajo para que ella no pueda encontrarlo más. Sin embargo, después de comer ella se levanta y camina hacia el mar, Blake la sigue, ella saca la pistola de su bolso, forcejean, hay un disparo y Rolanda muere.

Blake se traslada a otra ciudad y vive una vida anónima, silenciosa y muy modesta, sin embargo no puede dejar de pensar en la muerte de Rolanda. Hasta que un día alguien toca su puerta. La policía finalmente ha dado con él, lo enjuician, los testigos lo acusan, el mesero que los atendió en el restaurante lo identifica y es condenado a 30 años de cárcel. Para Blake su vida ha terminado, piensa que no podrá sobrevivir en la cárcel, sobre todo por la falta de privacidad y por tener que compartir constantemente con los otros prisioneros. La novela por tanto nos revela la tragedia de un mundo de personas solitarias, fracasadas, que desean morir a falta de verdaderas ilusiones y motivaciones. También nos habla de la cobardía de los seres humanos para quitarse la vida y de los accidentes fortuitos, de las cosas que no deberían pasar, pero pasan, y nunca podemos evitarlas. Esta nueva novela de Jacinta Escudos confirma su gran valor como narradora y sobre todo su mirada atenta a las contradicciones de la sociedad, a la soledad y al fracaso. Los interesados pueden seguir sus artículos, blogs y videos en https://jescudos.com/.

Nicasio Urbina
University of Cincinnati

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