Tres poemas

 

Osvaldo Lamborghini, escritor argentino.

Unas bolitas de mercurio

a Susana Cerdá

Cuando la pasión se hace fuerte, pero muy fuerte,
El cielo monta su gatillo
Y entonces estamos perdidos
Mi muy querida
Más, tal vez, nos valdría…
¡Oh, no, nada nos valdría!
(Salvo este gustito de perecer en el intento)
Porque la cuestión es nuestro galimatías adrede.
Claro: no hay cuestión.
Aunque (jamás escribir aunque)
¿Por qué no hay cuestión?
No me preguntes, querida
Ya estoy un poco harto de tus preguntas
¡Aunque!
Igual te amo al calor del diálogo
Y, y no nos entendemos
Prefiero tus pies de monja sobre la boca
“Del que no sabe pensar”
Yo
Electrizantes pies de monja
Cada uno de tus hermosos pensamientos
Los tiraré a la basura
¡Aunque!
Porque siempre estaré a tu lado
Millones de lados
Una sola mujer
¿Dónde estás, paradisíaca?

 

Ligeras ganas de introducir pasmado
el remanido pene en la pátina vagina
y adorar luego la bóveda celeste.
Venían los griegos, esos niños inocentes de la peste.
Encendían el fuego y escupían las espinas,
no en un cuarto de hotel, no en éste,
que a manzana huele y a pornoshow deshabitado
por la más linda, por ella,
por la más bella,
por la más trina,
por la joya:
Helena, Helena de Troya,
Madre de Dios y bailarina.

El éxtasis y la dosis y la rima
y una clase de zorrino ensimismado
que igual tendré que dar mañana a pesar del pico.
Me gustaría ser judío
y mañero y transexual como el Espíritu,
y no este zorzal, este aeda marcado,
que huele a horror aunque se disfrace de Cupido.

 

Envuelto en una paz apocalíptica
el tipo miraba la cocina,
las hornallas, el fuego encendido:
la cocina, empapelada ciertamente
con hojas o páginas
de diarios y revistas.
Él no había merecido la estrella de la mañana,
eso es claro, y no era (ni siquiera)
el primogénito de la muerte.
La vida pasaba como un lago.
Las orillas tensas, el centro mudo.
Agua ciega, pobre y cercada.

Aquel que ayer nomás decía
tomaba ahora mate eternamente
y leía novelas de vampiros.
Televisión y fármacos: la perfección
quedó en anhelo.
Renacerá el amor con la próxima guerra.
Y en un entonces sin entonces,
con un Dios pifio que siempre tarda,
entonces se apoyará en sus muletas
y abrirá el pico como una gaviota
y derribará las puertas del paraíso,
antesala del infierno.

 

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Fogwill in LALT
Número 15

En nuestra edición de agosto de 2020, celebramos el trabajo de escritoras y traductoras en honor al Women in Translation Month, a través de las obras de Victoria de Stefano, Krina Ber, Rowena Hill y Margara Russotto: cuatro mujeres unidas por su experiencia de emigrar a Venezuela, viajando desde sus idiomas originales hacia la escritura en español. También rendimos homenaje a un gigante de las letras latinoamericanas, Rodolfo Enrique Fogwill, en el décimo aniversario de su muerte, y destacamos la obra del escritor mé’pháá Hubert Matiúwàa en nuestra sección de Literatura Indígena. Este #WITMonth se enriquece a través de los avances exclusivos de los próximos libros de traductoras y, en especial, con la excelente conversación con la traductora Annie McDermott, además de poesía, ficción, entrevistas y reseñas de los nuevos lanzamientos en América Latina.

Foto de portada: Grupo Mondongo

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Nota del Editor

Autor destacado: Fogwill

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