“El género negro ayuda a mediar entre la realidad y la ficción”: Entrevista a José Salvador Ruiz

 

José Salvador Ruiz, escritor mexicano, en la Chinesca, el barrio chino de Mexicali. Foto: Alejandro Meter.

José Salvador Ruiz, escritor mexicano y Cachanilla, originario de la segunda ciudad más caliente del mundo, Mexicali, Baja California, México. Ruiz pertenece a una generación más reciente de escritores mexicanos de novela negra, la llamada “generación Z”. Desde sus cuentos y recientes novelas (Nepantla P.I. (Artificios, 2014) y Hotel Chinesca (Editorial de Otro Tipo, 2018)), el lector se puede encontrar con vendedores de tacos de guisado rehabilitados que fueron sicarios, con mujeres que vengan a su familia matando a aquellos que confeccionaron la injusticia, y un mundo mítico y oscuro, subterráneo: el famoso barrio chino de Mexicali, la Chinesca. Además de su aportación a la novela negra contemporánea, también es precursor de la novela policiaca del norte y su frontera, la mayor parte de sus narrativas tienen como escenario el imaginario norteño y fronterizo, y, como él mismo explica: en una zona de contacto “donde se articulan las relaciones de poder asimétricas entre los dos países, la trama de estas novelas puede transcurrir en ambos lados de la frontera, hay un grado de hibridación lingüística debido a la realidad fronteriza…”

Jovana Gómez: ¿Podrías hablarnos sobre la recepción (actual o cómo ha ido cambiando en los últimos años) de la novela policiaca en México? ¿Cómo es recibida tanto por el público en general como por la crítica literaria? Desde la publicación de El complot mongol hasta la actualidad, ¿cuáles son las características que se han ido estableciendo como “formato” de la novela policiaca en México?

José Salvador Ruiz: En términos generales la novela negra y policiaca han ido teniendo una recepción favorable en los lectores. Me parece que las redes sociales, algunas editoriales independientes, las ferias de libro y festivales del género han contribuido a que se llegue a más gente. Asimismo, la explosión de series policiacas en todas las plataformas ha tenido también un impacto en este interés por el género. Por otro lado, la recepción de la crítica ha ido también cambiando un poco, no era inusual que el género negro fuera denostado y, aunque sigue habiendo desdén por un sector de la misma, en los últimos años esto ha cambiado y como prueba de ello está el hecho de que varios de los premios de literatura estatales, regionales y nacionales han sido otorgados a obras dentro del género. Creo que la novela negra goza de cabal salud y se ha ido ganando un lugar dentro de las letras mexicanas.

Me parece que a partir del redescubrimiento de El complot mongol hasta la fecha el género negro ha ido en constante evolución. Digo redescubrimiento porque, si bien hubo algunas reseñas negativas el mismo año de su publicación, se sabe que la novela pasó desapercibida y embodegada por varios años y fue hasta su reedición en la colección de Lecturas Mexicanas en 1985 que logró mayor impacto en los lectores. Pero como lo menciona Iván Farías en un artículo reciente, en El complot mongol ya tenía lo que posteriormente serían elementos constitutivos del policial negro mexicano: “lenguaje cotidiano, personajes descreídos de la justicia, humor, anomia y simulación”. Agreguemos la impunidad, crítica social y la exploración de la identidad y la ciudad, y tenemos una radiografía del policial mexicano. Con el neopoliciaco de Taibo II la novela policiaca continúa en la línea de la crítica social, de la denuncia poniendo en el banquillo de los acusados al estado como generador del crimen, la corrupción, etc. Pero el género es sumamente flexible y eso ha permitido su constante evolución y la hibridación con otros géneros, así como la experimentación formal que algunos autores han priorizado. Desde los noventa ya se presentaban novelas negras que rompían con algunos aspectos formales del policiaco: Un asesino solitario de Élmer Mendoza, El crimen de la calle Aramberri de Hugo Valdés, Juan Justino Judicial de Gerardo Cornejo y La novela inconclusa de Bernardino Casablanca de César López Cuadras, por mencionar algunas. Ya en el siglo XXI la novela negra mexicana sigue mostrando su flexibilidad al incorporar formas del cómic, el terror, la ciencia ficción, etc., pero también se incorpora la temática del narco que a su vez genera un subgénero con características propias. A esta novela negra que toma cierta distancia del neopoliciaco se le ha llamado pospoliciaco (José Ramón Ortiz y Joseph Towle) o postneopoliciaco (María Carpio Manickam).

J.G.: Háblanos un poco sobre las lecturas que te formaron. ¿Cuáles específicamente te introdujeron en el género de la novela policiaca? ¿En qué momento de tu formación literaria supiste que querías escribir en este género?

J.S.R.: Mentiría si dijera que devoraba a los clásicos desde niño, nada más alejado de la realidad. Mi primer acercamiento al género fueron los libritos llamados La Novela Policiaca que publicaba la editorial Novaro y que vendían en los puestos de revistas. No sé quién las compraba en casa, supongo que mi hermano, pero esos libritos y las series de televisión policiacas norteamericanas cuyas repeticiones pasaban por el Canal Tres como Columbo, Kojak, Mágnum P.I., Starsky and Hutch, TJ Hooker y Mike Hammer fueron mi primer acercamiento al género durante mi infancia y adolescencia. Llegué tarde al género como lector y escritor, fue hasta que me pidieron presentar el libro El norte y su frontera en la narrativa policiaca mexicana que me interesé en el género y en sus escritores en el norte de México, primero como investigador y posteriormente como escritor. Mientras más leía novela negra más me interesaba por escribirla y fue así como escribí mi primera novela Nepantla P.I. Tengo especial debilidad por Chandler y he escrito un par de cuentos siguiendo ese modelo hard boiled que me gusta tanto.

J.G.: ¿Qué tanto del contexto sociocultural está representado en la novela policiaca? ¿Este género es un referente para comprender la realidad? ¿Cuál es el límite entre realidad y ficción en tu escritura y cómo lo delimitas?

J.S.R.: No es una novedad decir que el escritor vive en un entorno y un tiempo determinados de los que no puede abstraerse, por lo tanto, regularmente el escritor policiaco registra aspectos socioculturales de su región, de su país. Ya lo decía Taibo II, la novela policiaca “Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad”. El género negro ayuda a mediar entre la realidad y la ficción, es, por supuesto, un ejercicio subjetivo, imaginativo, pero que abreva de la realidad para, a veces, ahondar en el lado oscuro del ser humano. En mi caso la realidad social que vivo en la frontera es la que provee el material novelístico, en la que me baso para crear verosimilitud, pero todo lo demás es producto de la ficción, un ejercicio completamente subjetivo.

J.G.: Algunos autores/críticos han usado el término de novela policiaca de la frontera y han expresado una diferencia entre la novela policiaca del resto del país de aquella de la frontera para referirse a novelas escritas, por ejemplo, lo que publican Juan Carlos Ramírez-Pimienta y Salvador C. Fernández, El norte y su frontera en la narrativa policiaca mexicana. ¿existe el término? Si es así ¿se trataría de un término emergente? ¿aludiría a una rama o categoría de la novela policiaca? ¿qué diferencias habría entre la novela policiaca y la novela policiaca fronteriza?

J.S.R.: Sí, podríamos hablar de una narrativa policiaca fronteriza en tanto que dichas novelas se sitúan en la frontera norte y debido a esta circunstancia geográfica particular registran una temática asociada con esa realidad extraliteraria. Se pueden notar algunas características y temas recurrentes; estamos hablando de una literatura que se sitúa en lo que Mary Louise Pratt llama “una zona de contacto”, donde se articulan las relaciones de poder asimétricas entre los dos países, la trama de estas novelas puede transcurrir en ambos lados de la frontera, hay un grado de hibridación lingüística debido a la realidad fronteriza; como temas se encuentra la migración, la trata de personas, el narcotráfico, pero también cuestiones identitarias y, en algunos casos, una crítica a los efectos del neoliberalismo en esta región fronteriza.

J.G.: ¿De dónde y por qué surge la fascinación con el barrio de la Chinesca?           

J.S.R.: La fascinación por el barrio chino surge de su mitificación por parte de la gente de Mexicali. Desde la infancia se rumoraba la existencia de un barrio chino subterráneo, se decía que cientos, quizá miles, de chinos vivían en una especie de ciudadela subterránea debajo de la Chinesca y que solo los chinos podían tener acceso esa ciudad subterránea. Pero solo eran rumores y apenas hace unos años, ahora que los chinos realmente ya no viven en la Chinesca (aunque sigan siendo los dueños de los edificios) la gente puede tener acceso a algunos de estos subterráneos. Ahora puedes entrar a los sótanos de la Chinesca, los accesos que los conectaban están tapiados, pero eso solo es un estímulo a la imaginación. Ficcionalizar las vidas de la gente que asistía a los fumaderos de opio y los casinos subterráneos se ha vuelto una especie de obsesión. Pero además, no hay que olvidar que los chinos fueron parte fundamental en el crecimiento económico de aquella incipiente ciudad, primero como peones, arrendadores de tierras y luego como comerciantes. Eso es lo que me obsesiona del barrio chino, las historias que se vivieron ahí, las vidas, los sueños, los sufrimientos que habitan tras los muros de esos sótanos. El mismo Bernardo Fernández, BEF, fue seducido por el mito de la Chinesca y su novela Ojos de lagarto se sitúa ahí.

J.G.: Me llama la atención que el Kótex es un detective hombre, no es una mujer, ¿qué nos puedes decir al respecto? Para ti, ¿cuál podría ser la razón por la que la mujer tanto como escritora y/o personaje no ha tenido el mismo protagonismo o rol central que el hombre dentro del mundo policiaco? ¿Cómo percibes el papel de la mujer como escritora y como personaje en el panorama de la novela policiaca actual tanto en la frontera como en el resto del país?

J.S.R.: El “Kótex” es un personaje que surgió espontáneamente al ver la fotografía de un escritor viejo, que vestía de una forma estrafalaria. Imaginé entonces a un policía judicial con esas características y con dolencias y enfermedades de un hombre de la tercera edad. El sobrenombre nace de lo que en el norte de México llamamos “carrilla” o burla. Este personaje debe usar pañales para adultos y por esta razón sus compañeros lo bautizaron como el “Kótex”.

Cada vez es más común conocer a autoras que escriben dentro del género, pero siguen siendo una minoría las que están visibles. Me atrevería a decir que hay muchas más escritoras que escriben novela o cuento criminal, pero quizá no sean visibles porque han publicado en editoriales con poca o nula distribución. Pero no olvidemos que una de las precursoras de la novela policiaca en México fue María Elvira Bermúdez conocida como la “Agatha Christie mexicana”, quien incluso creó a la primera detective latinoamericana, María Elena Morán, así nos lo hace saber la investigadora Perla Holguín quien ha estudiado la obra de Bermúdez a detalle. Me niego a pensar que no haya más escritoras de policiaco o género negro, creo que también se necesita una búsqueda más profunda de parte de los especialistas del género, algo como lo que hizo Liliana Pedroza en su libro Historia secreta del cuento mexicano. Por el momento contamos con pocas escritoras visibles, pero estoy seguro de que irá cambiando con el tiempo y por el auge que vive el género también.

Aquí en frontera acabamos de publicar Baja Noir con la editorial Artificios de Mexicali, una antología de cuento o relato criminal/noir y ahí incluimos a cuatro escritoras y ocho escritores. Creo que tenemos dos narradoras que han estado trabajando muy bien dentro del género desde hace varios años: Elma Correa y Nylsa Martínez. Y en Ciudad Juárez está Elpidia García y otras más que quizá no escriban exclusivamente policiaco, pero que han incursionado en el género. 

De las escritoras que ocupan un lugar central en el género negro mexicano actual se encuentra Iris García Cuevas, su novela 36 toneladas y su libro de cuentos Ojos que no ven, corazón desierto, además de los cuentos publicados en antologías del género negro, demuestran su gran talento y el dominio de los elementos constitutivos del noir.

J.G.: ¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

J.S.R.Siempre tengo varios proyectos al mismo tiempo porque cuando me bloqueo en uno puedo saltar al otro. Ahora mismo tengo varios cuentos iniciados que formarían un libro de cuentos criminales, una novela situada en los años veinte en Mexicali y un libro de crónicas basado en noticias sobre crímenes acaecidos en Mexicali, pero publicados en diarios norteamericanos en un periodo que cubriría entre 1909-1924, más o menos. Además, hay un libro de cuentos que podría salir este año y uno más de minificción criminal. También trabajo a paso lento en un ensayo sobre el género.

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En nuestro duodécimo número, rendimos homenaje a dos gigantes de las letras latinoamericanas: la uruguaya Ida Vitale, ganadora del Premio Cervantes 2018, y el peruano Julio Ramón RIbeyro, cuya obra celebramos en el nonagésimo aniversario de su nacimiento. También destacamos poesía, entrevistas, y cuentos que van desde el Caribe hasta los Andes y desde Centroamérica hasta Brasil, adelantos exclusivos de libros venideros y reflexiones de sus traductores, más una sección especial dedicada a la obra de Edwin Lucero Rinza, un joven poeta que recientemente publicó el primer poemario escrito en quechua kañaris.

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