Literatura electrónica latinoamericana creada por mujeres

 

La mayoría de las creadoras femeninas latinoamericanas y latinas1 incluidas en bases de datos globales y recientes de la literatura electrónica pueden ser consideradas como poetas electrónicas2 [e-poets]. Una de las primeras en dejar su huella en este campo emergente fue Ana María Uribe (Argentina), quien trabajó en el área de la poesía visual y cinética. Con el tiempo, pasó de la creación de “tipoemas” no digitales, centrados en la tipografía y el diseño en la década de los 60, a versiones digitalmente remediadas de los mismos, así como a la creación de “anipoemas”, o poemas digitalmente animados, a partir de la década de los 90. En “Deseo – Desejo – Desire – 3 anipoemas eróticos” (2002), por ejemplo, las letras de cada palabra realizan una especie de danza, con un acompañamiento musical, para ilustrar el significado de la palabra.

Fig 1. Ana María Uribe, “Deseo – Desejo – Desire” (2002), 3 capturas de pantalla.

 

Otras figuras claves, con largas carreras en el campo de la poesía electrónica [e-poesía], son Belén Gache (Argentina) y Giselle Beiguelman (Brasil). Gache es una creadora prolífica: desde mediados de los 90 comenzó a producir obras de “literatura ampliada y experimental” (textos interactivos, video poemas y narrativas multimedia) para su circulación y consumo en línea a través del sitio web Fin del Mundo (1999-2009). En términos de su contribución a la poesía electrónica en sí misma, Gache es quizás mejor conocida por su enfoque altamente intertextual, así como por su empeño en empujar en los límites de los nuevos medios, como es evidente en las obras de hipermedia Wordtoys (2006) y Góngora Wordtoys (Soledades) (2011).

Wordtoys toma la forma de una remediación digital de un libro tradicional, con títulos, ilustraciones y páginas que “dan la vuelta” cuando se hace clic. Al hacer clic en los enlaces de las páginas, se abren pantallas emergentes que, de forma visualmente atractiva, ofrecen a los lectores la oportunidad de explorar una selección de citas sobre un tema determinado (mariposas o agua, por ejemplo), o de interactuar con el material, por ejemplo, intentando (y fallando) en la escritura de su propia versión de El Quijote. En Góngora Wordtoys cada poema es un remix o mash-up deliberado de las Soledades (1613) de Góngora, lo cual no busca revelar el significado de las obras de Góngora, sino que explora cómo los principios que sostienen su deseo de empujar en los límites de la poesía tradicional en la página impresa pueden transferirse al conjunto de herramientas experimentales del poeta de los nuevos medios.

 

Fig 2. Belén Gache, “Poemas de agua”, Wordtoys (2011), captura de pantalla.

 

Quizás Beiguelman es quien ha sido más considerada como una “artista de los nuevos medios” que como una escritora, pero conceptualiza algunos de sus primeros trabajos –por ejemplo, Leste o Leste? [“¿Leíste el este?”] (2002) y Poétrica (2003)–, como si tuvieran o contuvieran un elemento de “poesía nómada” (Beiguelman, 2007), y algunas de sus obras posteriores dialogan específicamente con los lenguajes de codificación de la computadora (por ejemplo, //**Code_UP [2004]), y con el uso de códigos QR [del inglés Quick Response code, o “código de respuesta rápida”] (por ejemplo, The QR Poem [2010]). Lo más notable del trabajo de Beiguelman es su amplia experimentación con el movimiento de ida y vuelta –por lo tanto, “nómada”– entre diferentes plataformas/pantallas, y entre diversos lenguajes: lenguas fónicas y humanas, tipografías no-fónicas, y lenguajes de programación. En Poétrica, los miembros del público podían enviar mensajes de texto para ser convertidos en una tipografía simbólica, definida por Beiguelman, antes de ser exhibidos en tres carteles electrónicos en el centro de São Paulo, que la artista había reservado para la duración del proyecto. Posteriormente, todos los mensajes originales y sus versiones simbólicas se conservaron en el sitio web del proyecto, así “revelando de alguna manera una comunidad de hackers poéticos del sistema de telecomunicaciones que actúa en espacios públicos” (Beiguelman, citada en la entrada de Poétrica, accesible en la base de datos ELMCIP). En The QR Poem, al contrario, el espectador-lector puede escanear el código QR para revelar un texto que simplemente dice: “en las intersecciones de palabras y símbolos comenzamos a redefinir nuestros límites”. En general, el trabajo de Beiguelman busca frustrar nuestra necesidad de entender, y revelar los límites de nuestra dependencia en los idiomas humanos.

Merece una mención otra creadora de larga trayectoria, María Mencía. Nacida en Venezuela, Mencía se crió en España, y ahora vive y trabaja en el Reino Unido. Sin embargo, ha estado exhibiendo su trabajo en América Latina desde 2002 y en el contexto de la celebración del primer Festival de Poesía Electrónica que se celebró en América Latina (Buenos Aires, 2015), recurrió a sus raíces latinoamericanas en busca de inspiración. El poema que cruzó el Atlántico (2017) se inspira en la historia del exilio de su familia en América Latina como resultado de la Guerra Civil Española (1937-39). Como destaca Mencía en la pantalla inicial de la obra, el poeta chileno Pablo Neruda gestionó “la evacuación y rescate de 2.200 exiliados españoles de la guerra civil –incluyendo a [su] propio abuelo– desde los campos de concentración franceses a Valparaíso, Chile, en el barco Winnipeg, en 1939”. En respuesta, Mencía ha creado un sitio web que documenta el contexto del viaje del Winnipeg, un archivo generado por el usuario para que otras personas vinculadas con esta experiencia agreguen sus propios recuerdos, y un “poema” que le ofrece al espectador/lector una forma de acceder a esas memorias archivadas de manera aleatoria, haciendo clic en las letras que parecen flotar contra un “mar” gris-azul oscuro.

 

Figs 3-5. María Mencía, El poema que cruzó el Atlántico (2017); capturas de pantalla de la página titular, del archivo y de la poesía misma.

 

La literatura electrónica tiene “nodos” de actividad febril en ciertos países de América Latina, siendo Argentina, Brasil, México, Colombia y Chile los más obvios. En los últimos años, ha habido un nodo particularmente vibrante de actividad “e-poética” en México: algunas creadoras que merecen una mención particular son Minerva Reynosa, Laura Balboa y Karen Villeda, así como la poeta de sonido/performance Mónica Nepote, cuyo trabajo junto con la video-artista Grace Quintanilla, en el Centro de Cultura Digital en Chapultepec, es de gran importancia para el desarrollo de México y, específicamente, de la Ciudad de México, como un centro clave para la creación y difusión de la literatura y el arte electrónicos.3 La colección juguetona de “poesía en código” de Balboa, you CODE me (2009), también escrita como “you C O D E me”, está disponible en línea como un PDF para imprimir o, en una variante diferente, como un libro Flash. De forma similar al trabajo de Beiguelman, aquí se intenta reinscribir la comunicación y las interacciones humanas en la semántica del código, escribiendo un HTML no-ejecutable para que los lectores humanos tienen que descodificarlo todo por sí mismos. Ella también se mueve entre el español y el inglés, desafiando en su trabajo la centralidad del inglés como el idioma que interactúa más directamente con el código de la computadora (Ledesma, 2015: 94-95). Villeda es mejor conocida por el proyecto POETuitéame (2014), creado conjuntamente con Denise Audirac, el cual le ofrece al lector la oportunidad de participar en un experimento de poesía generativa basado en la actividad reciente en Twitter. Además, ha creado otras obras de poesía hipermedia en una línea similar a la obra intertextual e-poética de Gache; véanse, por ejemplo, Sorjuanízate (2016). Reynosa ha trabajado junto con su compañero, el poeta electrónico, Benjamín Moreno, para producir Mammut (2015), una colección de “concretoons”: un neologismo que reúne a la poesía concreta con los dibujos animados, donde el poema se entrega como parte de un videojuego de estilo retro.

 

Fig 6. Minerva Reynosa, Mammut (2015), captura de pantalla de una grabación del juego en marcha.

 

La poesía, de una forma u otra, ha sido una característica importante de la literatura electrónica, tal vez porque, al ser en general una experiencia breve y condensada, se ajusta mejor a los parámetros espacio-temporales de las vidas intervenidas por la cultura de la pantalla. Existen, sin embargo, varios ejemplos de proyectos narrativos de literatura electrónica creados en su totalidad o dirigidos por mujeres latinoamericanas y latinas. Algunos de los trabajos más tempranos, aunque notablemente bastante avanzados técnicamente para su momento de composición, son los proyectos autobiográficos de hipermedia Sangre Boliviana (1994) de la artista latinoamericana Lucia Grossberger Morales (Bolivia), y Glasshouses: A Tour of American Assimilation from a Mexican-American Perspective [“Invernaderos: un recorrido por la experiencia de asimilación cultural en Estados Unidos desde una perspectiva mexicano-americana”] (1997) de la artista chicana Jacalyn Lopez Garcia (EE.UU.). Gache es, por supuesto, otro punto de referencia temprano en el campo: uno de sus primeros proyectos fue El diario del niño burbuja (2001), un trabajo hipermedia oulipiano compuesto de 100 textos cortos (basados en imágenes encontrados aleatoriamente en línea) escrito en 100 días, sin trama o tema específico. Otras obras tempranas incluyen Desde aquí (2001) de Mónica Montes (Colombia), un trabajo hipermedia muy simple (contiene solo texto e imágenes) que cuenta las historias interrelacionadas de tres personajes, y El alebrije4 (2004), de Carmen Gil Vrolijk (Colombia) y Camilo Giraldo Ángel (Cuba), una colección hipermedia más compleja de “crónicas de viaje, diarios y seres del caos”, estructurada en torno al descubrimiento de un diario de viaje por parte de un joven fotógrafa, el cual la guía hacia una exploración del lado más “fantástico” del México contemporáneo.

 

Fig. 7. Carmen Gil Vrolijk y Camilo Giraldo Ángel, El alebrije (2004), captura de pantalla titular.

 

Muchas obras de literatura electrónica creadas por mujeres latinas y latinoamericanas han sido proyectos colaborativos. En muchas obras recientes, sin duda, esto tiene que ver con la creciente complejidad técnica de los proyectos y las limitaciones de las habilidades de cualquier individuo. También, en el caso de muchos de los proyectos que se revisan aquí, el trabajo en grupo, la colaboración con comunidades existentes específicas, y/o la creación de nuevas comunidades afectivas en torno a un trabajo, conforman una parte muy importante del propósito de las obras. Este ímpetu se hizo evidente en el proyecto Glasshouses, de Lopez Garcia, donde ya a mediados de la década de los 90, ella ofreció al lector la posibilidad de dejar comentarios para reunir a aquellas personas (predominantemente latinas) que tenían experiencias personales similares de identidad cultural híbrida para compartir. En Milagros sueltos (2007-2008), siete escritores costarricenses (cuatro mujeres y tres hombres)5 se reunieron para trabajar en un proyecto de escritura de novela colectiva (texto solo, sin imágenes), en el que siete personajes diferentes entrelazan sus historias relacionadas con un 2 de agosto particular, el día de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica. Los comentarios de los lectores en el sitio sugieren una respuesta inicial en gran medida positiva sobre la naturaleza colectiva (y específicamente costarricense) del proyecto. Umbrales (2016), un trabajo de hipermedia reciente de Yolanda de la Torre (México), Raquel Gómez (México) y Mónica Nepote, no es solo una colaboración entre estas tres mujeres, sino también el resultado del trabajo regular de De la Torre quien imparte talleres literarios con pacientes psiquiátricos para explorar las posibilidades terapéuticas de la escritura: los textos que integran Umbrales fueron escritos por los propios pacientes. El trabajo tiene la posibilidad, por lo tanto, de formar parte de la terapia, ofreciendo una plataforma para la experiencia compartida y el desarrollo de una comunidad afectiva compuesta de pacientes y lectores. Aunque dos de las secciones del trabajo permiten a los lectores dibujar, escribir o reorganizar los textos existentes, no hay forma de identificar a los autores de estos “comentarios” para examinar quién lee el trabajo, y lo que es más importante, saber si los pacientes mismos están leyendo y, al mismo tiempo, formando una comunidad en torno a sus propios escritos.6 Los pacientes, pues, permanecen un tanto “en el umbral” de una participación plena en este trabajo.

La liminalidad de los pacientes psiquiátricos de Umbrales contrasta con el impulso del lector de identificarse con el protagonista transexual y refugiado de Redshift and Portalmetal (2014) de Micha Cárdenas (EE.UU). Este trabajo es un juego hipermedia de ciencia ficción, que incluye cine, poesía y performance, sobre la catástrofe ambiental en la tierra y las posibilidades de existencia en otros lugares del sistema solar, lo cual se narra desde el punto de vista de Roja, una mujer trans latina. El juego plantea preguntas sobre cómo construir nuevas sociedades inclusivas sin dejarse ir por el camino de las colonizaciones del pasado. Además, al referirse a las comunidades específicas que existen como su fuente de inspiración, más allá del evidente abrazo de la comunidad trans, en los créditos Cárdenas afirma que esta obra ambientalista se realiza “en honor a las luchas de los pueblos nativos de los territorios Anishinaabe, Mississauga, New Credit, y Grassy Narrows, donde la destrucción del medio ambiente es una enorme y constante amenaza”. El proyecto colaborativo actual de Cárdenas, un proyecto de juego de AR [Alternate Reality, o realidad alternativa], Sin Sol / No Sun (2018-) es una extensión lógica de las preocupaciones planteadas en Redshift y Portalmetal, donde un holograma de AI trans latina, llamada Aura, alienta a los jugadores a “considerar profundamente cómo el cambio climático tiene efectos desproporcionados en inmigrantes, personas trans y personas discapacitadas” (Cárdenas, Sin Sol).

 

Fig. 8. Micha Cárdenas, Redshift and Portalmetal (2014), captura de pantalla.

 

El deseo de crear comunidades es también una característica definitoria de muchos blogs escritos por mujeres. Si bien los blogs no suelen incluirse en las definiciones de literatura electrónica,7 es aquí donde se puede considerar que las mujeres escritoras latinoamericanas y latinas tienen su mayor impacto en términos de obtener y, en ocasiones, movilizar, a un público. El blogging realmente ha florecido en Cuba, a pesar de las restricciones en el acceso a internet. En su etapa cumbre entre los años 2008-09, luego de ser bloqueado por los censores del gobierno cubano, el blog Generación Y (2007–),8 escrito por Yoani Sánchez (Cuba), recibía un promedio de 10 millones de visitas y 30.000 comentarios por mes, y además estaba siendo traducido a varios idiomas por miembros del público (Henken, 2010: 217-18). Si bien parte del trabajo de Sánchez tiene un enfoque feminista, su objetivo principal es descargar su frustración ante el estado de la política contemporánea en Cuba, y proponer una “revolución” propia, impulsada por las tecnologías digitales.

Por el contrario, en Negra cubana tenía que ser (2006-), de Sandra Álvarez Ramírez (Cuba), la autora adopta un enfoque menos maniqueísta de la política en la isla y se centra en la interseccionalidad de la experiencia negra, femenina y queer. Aunque el impacto del blog de Álvarez Ramírez es mucho menor que el de Sánchez –tiene alrededor de 6.500 seguidores regulares– según Sierra Rivera, Negra cubana es más “revolucionaria”, dado su intento de establecer una red cuya “agenda ciberfeminista sirve para conectar las voces de las mujeres negras cubanas con otras voces de todo el mundo” y “crear redes seguras en línea, donde las mujeres puedan discutir abiertamente cualquier problema sin ser amenazadas” (Sierra-Rivera, 2018, 2018: 330; 339). Si bien no todas las mujeres escritoras y artistas mencionadas anteriormente se comprometen con una agenda específicamente feminista, ni mucho menos ciberfeminista, esta creación de “contrapúblicos” por parte de escritoras como Álvarez Ramírez, constituye una faceta importante de la escritura de mujeres latinoamericanas en línea (cf. Friedman, 2017).

La literatura electrónica de creadoras latinas y latinoamericanas es, como se desprende de esta visión general, un campo emocionante, innovador, diverso y dinámico de la producción cultural. Si bien recientemente se ha prestado atención a las creadoras de literatura electrónica (como en la antología editada por María Mencía, #WomenTechLit [2017]), todavía no hay una investigación significativa disponible que se refiera específicamente a las contribuciones de las creadoras latinoamericanas y latinas. Esta visión general pretende, por lo tanto, ser un primer paso en esta dirección y una invitación a otros que deseen hacerlo, para llenar este vacío.

 

Notas

1 Utilizo las palabras “mujer” y “femenino” en este artículo para referirme a cualquier persona que se identifique como tal, sin importar el sexo biológico.

Cf. las Collections 1-3 (2006-2016) de la Electronic Literature Organization y el “base del conocimiento” (2013–) del proyecto ELMCIP (Electronic Literature as a Model of Creativity and Innovation in Practice).

3 Nepote es la directora del del proyecto “E-literatura” del Centro, donde ha curado una colección de trabajos que incluyen Catnip (2015) de Xitlálitl Rodríguez,  Raquel Gómez y Julie Boschat, Umbrales (2015) de Yolanda de la Torre, Raquel Gómez y Mónica Nepot,e así como la Antología de Poesía Electrónica (2018) que incluye La poesía es una diosa de Romina Cazón (Argentina), Filiaciones textuales de Nadia Cortés (México), y Seis minutos para tomar el T de Ana Medina (México).

4 “Alebrijes” son artesanías mexicanas que consisten en coloridos modelos de criaturas imaginarias, hechas en papel maché.

5 Los escritores fueron Dorelia Barahona, Pedro Pablo Viñuales, Floria Bertsch, Janina Bonilla, Víctor Valdelomar, Catalina Murillo y Jaime Ordóñez.

6 El sitio web tampoco brinda información sobre el proceso para obtener el consentimiento de los pacientes.

7 La tendencia es aceptar “novelas en formato de blog” como Hembros: asedios de lo post humano (2006–) de Eugenia Prado Bassi (Chile), pero no blogs de no-ficción. La reticencia a aceptar blogs de no-ficción como literatura electrónica puede deberse a que son vistos como obras que “se imprimen” con demasiada facilidad, por lo que no son lo suficientemente “electrónicos” (aunque esto es discutible hoy en día), o porque no son vistos como lo suficientemente “literarios” (aunque los blogs encajan muy bien con ese género literário latinoamericano sui generis, la crónica).

8 El blog fue alojado originalmente en Desde Cuba, y trasladado luego a 14ymedio en el 2014.

 

Bibliografía

Beiguelman, Giselle. 2007. “Nomadic Poems”, en Eduardo Kac, ed., Media Poetry: An International Anthology (Bristol: Intellect), págs. 97-103.

Friedman, Elisabeth Jay. 2017. Interpreting the Internet: Feminist and Queer Counterpublics in Latin America (Oakland: University of California Press).

Henken, Ted. 2010. “En busca de la ‘Generación Y’: Yoani Sánchez, la blogosfera emergente y el periodismo ciudadano de la Cuba de hoy”, en Buena Vista Social Blog: Internet, y libertad de expresión en Cuba, ed. Beatriz Calvo Peña (Valencia: Advana Vieja), págs. 201-42.

Mencía, María, ed. 2017. #WomenTechLit (Morgantown, WV; Rochester, NY: Computing Literature).

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