El estilo es una sandía: Entrevista a Jimmy Santiago Baca

 

Jimmy Santiago Baca, escritor chicano, con Lucía Ortega Toledo.

A comienzos de mayo viajé al norte de Nuevo México. Mi viaje fue motivado por una amiga escritora que hizo un retiro de escritura con Jimmy Santiago Baca y, como yo le había pedido previamente una entrevista a Baca, este resultó ser el mejor momento para hacerla. Esmerada por llevar mi entrevista a un terreno que no desenganchara a Baca, evité por completo cualquier tema asociado a su biografía. Mientras lo entrevistaba, tuve la sensación de estar al mismo tiempo con un escritor de voz desenfrenada y cáustica que con un padre afectuoso y comprometido; escuchando lo mismo la voz de un provocativo y errante disidente que la voz de un relajado y sabio hombre de campo; lo mismo un erudito lector voraz que un poeta loco e incendiario… Entre lo irreverente y lo delicado, como navegando un universo entre lo proscrito y lo sublime donde no hay etiquetas y cualquier afirmación puede ser subvertida de un momento a otro, transcurre esta entrevista.

Lucía Ortega Toledo: ¿Cuáles fueron tus primeras impresiones sobre el acto de escribir cuando comenzaste?

Jimmy Santiago Baca: Gracias por no haber preguntado toda de esta mierda sobre la cárcel y la mierda esa de ser un niño desfavorecido de orfanato o lo que sea que se les ocurra. Dime la pregunta de nuevo, es bastante singular.

L.O.T.: Tus primeras impresiones sobre el acto de escribir.

J.S.B.: Es un acto sagrado; cuando me levanto todas las mañanas, es un acto de santidad o algo así. Hay un aspecto espiritual en mi escritura en cuanto me siento. Podría estar escribiendo acerca de treinta y cuatro prostitutas con un mexicano en una habitación de un motel barato consumiendo metanfetaminas y aun así es sagrado. Podía estar riendo, podía estar llorando. Hubo momentos en que me sentaba a escribir y me detenía y lloraba durante treinta minutos; no podía seguir. Y hubo momentos cuando comenzaba a escribir que eran como si hubiera estado en la montaña rusa más grande del mundo. Y hubo también un momento cuando comencé a escribir en que supe que no eran palabras lo que yo estaba inventando; era la aplicación de palabras a una determinada experiencia lo que yo inventaba, en cierto sentido, estaba inventando palabras para contener una experiencia; todas estas cosas diferentes estaban ocurriendo al mismo tiempo.

L.O.T.: ¿Cuáles son las formas prácticas en las que alguien se enseña a escribir?

J.S.B.: Un diario. Mantienes un cuaderno todos los días y por muy difícil que sea, registras los aspectos más mundanos de tu día. Levántate por la mañana y simplemente registra la salida del sol y juega juegos contigo mismo. Di: "¿Qué tan rápido puedo describir el sol en este momento?" y miras hacia arriba y ha cambiado completamente y luego lo haces de nuevo y es como tratar de atrapar un conejo y mirar al sol, "Dios mío, la sombra está allí. La sombra acaba de cruzar el camión. Están más allá del camión, ahora están en la maldita caja". Y luego simplemente levántate y escribe algo realmente súper mundano… porque lo que estás haciendo por ahora es crear un hábito y el hábito es lo más importante al escribir.

L.O.T.: ¿Cómo encontraste tu estilo?

J.S.B.: Si el estilo es una sandía, considera todas las cosas que podríamos hacer con una sandía. Podemos ponerla en nuestra cabeza, podemos poner nuestro pene en ella, podemos ponerle una pajita y convertirla en una barra de jugos o algo así, pero la sandía en sí misma es el estilo y lo que hacemos con ella depende del trabajo que estamos haciendo. Si hace mucho calor y estás en el campo, colocas una pajita en la sandía y bebes el jugo. Si estás sin tu esposa durante diez días y estás en la cama, tomas la sandía, le haces un pequeño agujero y vas a ella, vas al asunto. Lo leí en una novela recientemente sobre el vietnamita que vive en Vietnam, ¿cómo se llama? [El simpatizante], él era un espía, ¿cómo se llama? ganó el Premio Pulitzer. Me encantó este tipo [Viet Thanh Nguyen], es fenomenal. Como sea, él lo hizo con un calamar y lo hizo realmente divertido, fue muy, muy divertido.

El estilo de Cormac McCarthy, William Carlos Williams, Denise Levertov, cada uno tiene esta voz única y tiene que ver con su manera única de ver la realidad. No sé cuál, quién, qué gran creador les dio el regalo que tienen. Faulkner, Arundhati Roy, podría nombrar a muchos más… Cuando miran la realidad, la ven realmente, realmente ensartada en su sensibilidad, la cual fue determinada, ¿por qué? por mamá, por el entorno, por el trauma, por la angustia, por lo que sea, no sé, pero algo dio forma a su sensibilidad y usan esa sensibilidad como una especie de soporte, eje o epicentro desde el que pueden mirar la realidad y esa sensibilidad ya está pre configurada en sí misma de acuerdo al estilo en el que van a escribir.

Cuando veo un hermoso caballo, Cormac McCarthy lo ve correr con el viento y otro escritor ve una matanza de caballos. El estilo tiene mucho que ver con la experiencia que le aportamos. Denise Levertov, ella tenía esta manera increíble de meterse debajo de las palabras para crear un momento místico. ¡Joder, ¿cómo haces eso? ¡No puedes hacerlo! debes de tener tus sensibilidades nacidas en eso, ser capaz de tener un momento místico. William Carlos Williams pudo hacer eso con imágenes, llamar a la carretilla roja, el pollo blanco, o cosas así. William Burroughs, tenía el estilo somnoliento de un adicto asintiendo con la cabeza. Kerouac, solo era ¡vroom! [vertiginoso], como Salinger; ellos tan solo no paraban. Whitman, ¡dios mío, hombre! Whitman era como Rivera, el muralista, cuando se proponía a hacer algo, cubría un montón de terreno con eso escribiendo oraciones largas y demás.

No creo que vayas a un libro de texto para eso. Creo que comes, duermes, cagas, cocinas, haces el amor, lloras y te ruedan lágrimas, y te ríes para obtener ese estilo. Creo que el estilo eres tú y eso es lo que lo hace tan hermoso. Es por eso que la gente como yo no puede esperar para tomar el próximo libro porque es como ¿quién es este ahora? ¿Y quién es ese ahora? ¿Y quién es este otro ahora? Acabo de leer Toda la luz que no podemos ver. Me quedé impresionado por ese tipo. Me tiró al piso. ¿Cómo este tipo pudo escribir así de hermoso? Dije: "¡Idaho, ¿quién carajos vive en Idaho que puede escribir tan bien?!" Esperaba que viviera en Barcelona o en algún lugar hermoso y loco, pero ¿en medio del maíz? Espérame tantito ¿Quién puede hacer eso? Es que los  escritores y poetas son increíbles, dios todopoderoso, son simplemente fenomenales.

Para mí el estilo es un proceso misterioso, intuitivo y casi accidental. El estilo tiene mucho que ver con la intuición y poco que ver con los hechos textuales. No tiene nada que ver con los hechos. Abre todos los libros de gramática inglesa que quieras, nada. La intuición, ¡oh!, eso es lo que hizo a Arundhati Roy tan sublime y eso es lo que hizo a algunos de los poetas más increíbles tan sublimes. Mira a Marge Piecy, mira a Grace Paley, ¡dios mío! ¡Carajo, Grace Paley, iba al parque todos los días con sus hijos en sus carriolas y mira lo que hizo! revolucionó la forma de proteger el parque de la ciudad en la ciudad más grande del mundo. ¡Hombre, eso es fenomenal, eso es escribir! Los escritores, guau, son la cámara que todo el mundo debería sostener tomando fotos de la vida que los rodea.

L.O.T.: ¿Elegiste, en algún momento, la poesía como tu principal forma de expresión literaria? ¿Estás interesado en escribir más narrativa en los próximos proyectos?

J.S.B.: Amo la poesía y solo escribiría poesía porque es lo único que amo. Elegí hacer las siguientes tres novelas para poder pagar todas las facturas, asegurarme de que todos en la casa estén bien y luego volveré a hacer mi poesía, que me encanta. Pero es una decisión racional la de escribir las tres novelas.

L.O.T.: ¿Tienes algún trabajo en la imprenta o en vías de ser publicado?

J.S.B.: American Orphan (Huérfano americano), acabo de terminarlo. Se trata de un muchacho de 18 años que se sale de la cárcel de menores. Quería escribir un libro porque quería saber lo difícil que es para un chico salir de la cárcel en el mundo de hoy y entonces lo escribí. Es lo que es, es solo un par de zapatos. Te los pones y empiezas a caminar en ellos y eso es de lo que se trata leer un libro. A algunas personas les gustará, a otras no, pero yo lo disfruté condenadamente. Disfruté escribirlo, disfruté cada aspecto; lo que principalmente disfruté fueron las revisiones, conocer cada vez más profundamente al personaje, y las cosas que no sabía que iban a suceder que sucedieron, lo que iba a ser central en el libro, de lo cual no tenía ni idea cuando comencé. Y despedí a dos agentes durante el proceso, dos realmente buenos agentes, tenía uno de los tres mejores en el país y luego el otro está afiliado a uno de los principales negocios editoriales, despedí a ese también y fue lo mejor. Pero terminé el libro y me benefició enormemente porque fue más fácil pasar a la segunda novela y la transición fue como el período de dos semanas en el noveno mes cuando vas a tener un bebé,  es el momento más doloroso cuando solo estás esperando tenerlo, esperando tenerlo, esperando tenerlo. Mierda, eso es horrible. Esperando a tenerlo, esperando a tenerlo, ¿cuándo va a llegar? ¿Cuándo van a llegar los dolores de parto? Tienes dolores de parto, pero los tienes por tres semanas y te estás meando en los pantalones y tienes dolores de parto y todo. Y de repente, ¡ah! Y luego corres a la mesa y comienzas la primera palabra y oyes al bebé, "Oh, me está pateando ahora", y luego lo haces crecer. Me encanta eso, lo amo y lo odio, pero me encanta.

L.O.T.: A propósito de tus libros Inmigrantes en nuestra propia tierra, The Esai Poems y The Lucía Poems  ¿se trata de homenajes a esos personajes o son preguntas e invitaciones al lector? ¿Cómo eliges el tema de un libro como estos?

J.S.B.: Mi relación con mis temas es muy personal. Escribí un libro llamado The Esai Poems porque él es mi hijo y quería capturar parte de su crecimiento. Escribí The Lucía Poems porque ella es mi hija y quería capturar una parte de ella mientras crecía. Con American Orphan, visité al menos 20 ó 30 instalaciones con chicos reclusos y se me rompió el corazón cada vez que entré, así que decidí escribir una novela tratando de entender o dejar que el mundo supiera por lo que están pasando estos niños y eso es lo que hice. Es experiencia personal.

L.O.T.: En una entrevista que le hicieron a la poeta Kay Ryan, ella afirma que: "Si uno escribe bien, uno está totalmente expuesto pero, al mismo tiempo, uno tiene que sentirse completamente enmascarado o protegido". ¿Cómo manejas el hecho de que tu poesía es muy personal y autobiográfica con tus lectores y tus estudiantes?  ¿Cuánto de ti queda expuesto?

J.S.B.: Básicamente esto lo que sucede cuando eres el tipo de poeta que yo soy: fusionas tu vida pública y privada en una sola personificación, por lo que no hay público ni privado cuando escribo. Solo existe el espíritu que estoy habitando en el momento de la composición. ¿No es hermoso? Es por eso que sigo volviendo a eso, me refiero a que escribo algo y estoy completamente subsumido por eso y consumido, estar consumido es una acción hacia afuera; subsumido es cuando algo entra dentro de ti y te devora por completo, te devora por completo y transporta tu ser, tu energía, tu psique, a algo que no era hace un minuto. Estoy impresionado por su poder. Es fenomenal. Amo la poesía.

L.O.T.: ¿Cómo alguien se convierte en un gran poeta?

J.S.B.: Podríamos prescindir del "gran", ¿cómo puede alguien convertirse en poeta? Cuando le pones ese adjetivo enfrente, sabemos que lo que significa es realmente cuántas personas le han otorgado premios a esa persona y normalmente recibimos premios de personas a quienes nos hemos ajustado, ajustamos nuestros gustos a sus necesidades y eso no es bueno: Voy a hacerte sentir cómodo porque voy a escribir poesía que te hará sentir cómodo, voy a tomar mi poesía y voy a escribirla para tus necesidades de confort. Cuando leas mi poesía, dirás: "Guau, esto es bueno", y me darás un premio. Pero si escribo poesía que diga que debemos quemar tu casa y tomar todo tu dinero y distribuirlo entre los pobres, no soy un gran poeta porque no me darás ningún premio, porque no estoy escribiendo para tus necesidades, para alimentar tus necesidades. Necesitas parar de alimentar las necesidades de quienes están en posición de juzgarte… bueno, nueve de cada diez personas que escriben se inclinarán y se rendirán ante los críticos; esa persona que no lo hace es  quien continúa escribiendo una gran obra.

Jaime Sabines, por ejemplo. Él escribió una gran obra. Ese tipo no recibió grandes premios y, sin embargo, las mujeres en el mercado estaban parafraseando sus poemas, taxistas, botones. ¿Si no es bueno, entonces qué es, si cada mexicano en México está leyendo sus poemas y recitándolos? no están recitando a Paz, no están recitando a ninguno de los académicos; están recitando a este tipo, pero nadie quiso darle un premio muy significativo ¿Por qué? ¡¿Porque Ilan Stavans, el gran crítico, no hizo una crítica de su trabajo?! (Risas) Hay toda una sociedad, toda una sociedad secreta que trata de legitimarte como poeta. No necesitas eso. Cuando escribes un poema y lo lees a alguien y esa persona dice: "Has arropado mi corazón en tus palabras", sabes que eres un poeta, sabes que estás haciendo tu trabajo, sabes que estás haciendo tu deber. No lo haces para apaciguar la sensación de inseguridad en los ricos; lo estás haciendo para sanar el corazón de los pobres.

L.O.T.: ¿Cómo llegas al lugar mental para escribir?

J.S.B.: El espacio mental para escribir te es dado al vivir en ese lugar para escribir. Escribir, para mí… tienes que ajustar tu vida a ello. La vida tiene que ajustarse a tu escritura. Creo que hoy lo escuché en el coche, no estoy seguro cómo: "Hay tantas cosas sucediendo en mi vida que tengo que hacerme tiempo para escribir". Invirtamos el orden y digamos: "Escribo tanto que a la vida se le dificulta entrar". ¿No sería genial? En lugar de "Hombre, la vida es tan peluda que mi poesía tiene dificultades para entrar en ella" (Risas). Así que invirtamos el orden y digamos: "Estoy escribiendo tanto que la vida la tiene difícil para entrar por esa puerta. Dios, tengo que dejar de escribir tanto", pero siempre estamos del otro lado diciendo: "Mierda, hombre, la vida me rodea por todas partes, no puedo escribir". ¿Sabes a qué me refiero? La respuesta es realmente simple. Tienes que hacer que la vida de afuera quepa en la de adentro. Entonces ahí lo tienes.

L.O.T.: ¿Alguna vez sientes que no puedes escribir por miedo?

J.S.B.: Escribo con miedo, escribo con miedo real. Escribo con cobardía, escribo con valentía, escribo con todo. Escribo de no saber cómo escribir. Solo que escribo con la fascinación de un niño. Creo que, para mí, siempre se ha tratado de volver a la visión más básica desde la que un niño mira una hierba o una hormiga, ¿qué es eso? ¿Qué es lo que un niño ve cuando mira a una hormiga o la primera vez que un niño sale corriendo y ve un saltamontes? ¿Qué es eso? ¿Qué están haciendo el viento, los árboles y el sol en el cielo cuando esa persona, ese niño pequeño, mira al saltamontes? Quiero involucrar a todos esos otros jugadores, pero cuando nos hacemos mayores, el ego ha crecido tanto que solo nos involucramos a nosotros, nosotros y el saltamontes, pero en aquel entonces no era así. En aquel entonces, el cielo hablaba, los árboles eran nuestras hermanas (sic), y la tierra se extendía y nos sostenía, y luego aparecía el saltamontes. Es ésa visión lo que hace que un niño sea tan hermoso.

L.O.T.: Has escrito sobre las dificultades de ser un inmigrante en estos tiempos y en este país. Como poeta, ¿cuál es tu sentido de lo histórico?

J.S.B.: El trabajo del inmigrante es recordarnos de dónde venimos, el trabajo del inmigrante es quitarnos la máscara y mostrar cuán absurdos somos con nuestro deseo de conservar todo nuestro dinero y querer construir grandes muros y casas y asegurarnos de que nadie entre. El inmigrante está ahí para crear la parodia de nosotros mismos. Es por eso que lo odiamos, porque se está riendo del mito que hemos creado.

El inmigrante está diciendo: "Mira, no tengo comida en la mano", pero el mito que has creado dice que todo el mundo está alimentado, ¿no es así? Y el tipo lo odia. Él dice: "¿Cómo te atreves a venir a mi cerca diciendo que te están torturando? porque en el mundo no hay tortura, tú sabes eso". Y el inmigrante dice: "Lo siento, pero sí hay", y es como si el tipo que tiene esta vida perfecta dijera "No hay tortura. Y si admites que la hay, habrás destruido mi mito y yo no te dejaré destruir mi mito”. Y eso es lo que está sucediendo con Trump. El mito se está desmoronando a su alrededor, todos se están yendo. Es como si todos los Caballeros de la Mesa Redonda hubieran desaparecido. Todo el mundo está diciendo: "A la mierda el Grial, no lo queremos. Nos vamos de aquí", y está el pobre Trump, mirando por la ventana de su castillo, intentando mantener su peluquín puesto porque el viento sopla cada vez más fuerte y trae consigo sonidos de rebelión. Para eso están los inmigrantes; están aquí para todo eso, para romper el mito que permite la deshumanización.

L.O.T.: ¿Cómo cambia tu escritura a través de los años?

J.S.B.: No puedo predecir eso. Cada libro que escribo, como el siguiente que estoy escribiendo  –  lo llamaré el estilo delgado –, lo estoy escribiendo como deslizándome en el hielo y es una hermosa forma de escribir; solo que no sé realmente si eso es escritura, pero es genial. Un ejemplo de lo que estoy escribiendo ahora mismo puede ser encontrado, una versión similar de esto se puede encontrar en La mujer en la ventana [de A. J. Finn], publicado hace algunos meses. ¿Lo leíste? Es una lectura muy veloz. Es rápida, ¡boom!, no es pesada, pero transmite algunas cosas muy interesantes. Lo estoy escribiendo deslizándome a lo largo del hielo delgado.

L.O.T.: ¿Qué opinión tienes del documental Un punto de apoyo (A Place to Stand) basado en tus memorias? ¿Consideras que es fiel a tu libro o en qué medida colaboraste creativamente con el director Daniel Glick?

J.S.B.: Te lo diré tal como es: Hice el documental yo mismo y usé un pseudónimo. Quería ver cuál sería la opinión de las personas respecto de que un hombre blanco hiciera un documental sobre la vida de un chicano, pero admitiré ahora que yo soy Daniel Glick. Perdón por decepcionar a todos. (Silencio. Risas)

No, aquí está la verdadera respuesta a eso. La verdadera respuesta a eso es que estoy muy complacido con el trabajo de Glick. Realmente fue difícil no solo producir y sino distribuir el filme porque todos sabemos que mi vida no es un cuento de hadas. Pero acabo de enterarme que una versión editada del filme estará muy pronto en televisión abierta (en inglés Public Broadcasting Service, PBS) y eso lo pondrá al alcance de un público más amplio. Creo que eso es fantástico.

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Latin American Literature Today No. 10
Número 10

En nuestro décimo número, cuestionamos los valores de la literatura y el periodismo en los tiempos de la postverdad a través de las palabras del escritor mexicano Juan Villoro y exploramos los nuevos territories de la literatura digital en un dossier curado por Scott Weintraub. También destacamos las memorias de la masacre de Tlatelolco del 1968 contadas a través de la narrativa gráfica, nuevas perspectivas sobre la traducción de Shakespeare al español con un ensayo de Braulio Fernández Biggs y la literatura wayuu del lado venezolano de la frontera que atraviesa sus tierras ancestrales.

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