Ciberpunk cubano en cuarto creciente: Variantes y herederos

 

Foto: Taton Moïse, Unsplash.

Una zona emergente, con autonomía, propia que resulta bastante reconocible dentro del fantástico cubano es la CF con temática ciberpunk, considerada en su sentido más amplio, junto a sus variantes y herederos como el biopunk y el postciberpunk. Hay que aclarar que este ciberpunk ya no es la copia mimética de sus pares anglosajones ya que, como Juan Carlos Toledano explica en su artículo “From Socialist Realism to Anarchist-Capitalism: Cuban Cyberpunk”, solo con la recontextualización de ciertos temas y personajes del imaginario ciberpunk anglosajón al ambiente cubano, cambian las lecturas o interpretaciones tanto a nivel ideológico-político como discursivo.1 Así y todo, me parecen muy interesantes las aportaciones de Fabricio González, Michel Encinosa Fú, Ariel Cruz, Vladimir Hernández, Erick J. Mota, Leonardo Gala, Alejandro Rojas, Eric Flores y Dennis Mourdoch, por solo citar a los más importantes.

Tres escritores de la vieja escuela, fundadores del taller Oscar Hurtado y que continúan en activo, nos ofrecen en algunas novelas y cuentos su visión del género. Se trata de R. E. Bourgeois, Bruno Enríquez, Alejandro Madruga, Yoss y el que escribe estas líneas.

Bourgeois publicó en 2016 dos noveletas unidas en un solo libro: Metamundo. Willi Capote. Si en Metamundo, un texto que ya estaba escrito desde los años 80, el autor nos ofrece una historia donde se entrecruzan elementos propios de la literatura psicodélica, la fantasía heroica y las tribus suburbanas, en Willi Capote ya aparece un mundo distópico plagado de referencias al más puro ciberpunk y con grandes influencias de la novela negra policial.

Michel Encinosa, Ariel Cruz, Erick J. Mota y Vladimir Hernández parecían, en sus primeras producciones, copias mal traducidas de los cuentos y novelas ciberpunks de William Gibson o Bruce Sterling, pero muy pronto supieron impregnar sus relatos, situados en ocasiones en una Cuba futura y distópica, con estilos muy personales que gozan de un regusto particular −a veces bastante amargo− a la par que sus recreaciones de la jerga, los personajes y las estructuras de sus universos, les dan a sus colecciones de cuentos una gran complejidad.

Vladimir Hernández ha navegado con suerte desde su primer libro Nova de cuarzo (1999) hasta Sueños de interfaz y Semiótica para los lobos, las dos galardonadas con menciones especiales del premio UPC. Por supuesto, la trama nos conecta inmediatamente con William Gibson, pero ahora desde una visión más latina.

El gran productor es Michel Encinosa, de quien ya se ha escrito profusamente, con cerca de nueve libros publicados, varios de ellos dentro de la saga ciberpunk de Ofidia como Niños de neón (2011), Dioses de neón (2006), pero también Veredas (2006) o La guerra de Bianka, novelas cortas emparentadas con el subgénero y que supo sortear el peligro de la autofagia con su cuaderno, Enemigo sin voz, premio Calendario de ciencia ficción 2006, una distopía casi orwelliana donde el poder controla las palabras a través de un chip electrónico insertado en cada ciudadano de ese futuro país totalitario (2007). Sumamente interesante resulta también su otro libro premiado en el mismo concurso, aunque no pertenezca al género de la CF, siete historias en las que un asesino en serie va visitando sitos en la red, capturando muchachas jóvenes, y dejando sus experiencias en un blog personal.

Escritores de amplio espectro, cuya característica fundamental estaría basada en la búsqueda de una heterogeneidad temática para sus cuentos, pero sin rechazar algún que otro escarceo ocasional con el ciberpunk, y haciendo gala de un vasto conocimiento de la literatura internacional del género, serían el Yoss, Fabricio González, Carlos Duarte y Juan Pablo Noroña.

Este último todavía se encuentra inexplicablemente inédito en letra impresa, aunque sus cuentos son bastante conocidos en la web, sobre todo por sus publicaciones en la revista Axxón. Sus principales acercamientos al tema ciberpunk vienen de la mano de los temas asociados a la guerra y el armamento tecnológico utilizado en ella.

De la obra del Yoss se ha escrito bastante. El estudioso Juan Carlos Toledano propone algunos de los cuentos de Timshel, sobre todo “Historia de gladiadores” como un tipo de relato pre-cyberpunk. A pesar de ello no es un género al que Yoss se aplique con mucha asiduidad. Salvo “Lider de la red” y “Una moneda de plata en el bolsillo de la noche”, netamente ciberpunks, los otros cuentos que se acercan al género lo hacen de pasada, a partir de los contextos distópicos utilizados, la marginalidad de ciertos personajes o una aproximación a los temas biológicos, como en el caso de “Apolvenusina”

De Fabricio González no hay mucho que comentar. Escritor muy poco prolífico, tal vez su aportación más importante para el ciberpunk es el cuento “Sobre la extraña muerte de Mateo Habba” (2006), el mejor ejemplo de cómo podría ser una historia si uniéramos el boom latinoamericano de los 60 con la explosión neuromántica de Gibson, la manera de narrar a lo Jorge Luis Borges y la temática ciberpunk:

“Preciso es para entender el posible porqué de su muerte conocer al hombre que fue en vida Mateo Habba. Podría decir de él que amaba el café, el carnero asado, la poesía de Umar al-Khayyami y las mujeres de nalgas rotundas. También detestaba la carne de cerdo, el catolicismo, el destino servil de los pueblos árabes bajo el dominio israelita y la soledad, aunque rara vez abandonase su apartamento y tuviera muy escasas amistades. Sin embargo, esta suma de rasgos, la mayoría de ellos decididamente banales, no lo definen, pienso que hay dos cosas más importantes cuyo conocimiento es imprescindible para entenderlo: Mateo era musulmán y hacker”.

Erick J. Mota, en su colección de cuentos y novelas relacionados con el mundo de Habana Underguater se ha lanzado a la creación de un universo que denomina en tono de broma “Orisha-punk”, donde mezcla elementos del folklor afrocubano, en una Habana parcialmente sumergida bajo el agua, con los dispositivos de un mundo al mismo tiempo ciberpunk y ucrónico nada tradicional.

A partir de finales de los años 90, varias han sido las escritoras que han emergido dentro del panorama del fantástico en Cuba. Debo señalar sobre todo a Anabel Enríquez Piñeiro, cuyo libro Nada que declarar, Premio Calendario de ciencia ficción 2005, ofrece entre otros, un cuento excelente: “Nada que declarar” que trata sobre una familia de “Balseros espaciales”, un relato que se me antoja en las fronteras del ciberpunk, aunque solo sea porque sus personajes son seres marginados, emigrantes planetarios que desean escapar de una sociedad distópica que los excluye y esclaviza.

Más apegada a la variante biopunk, es la escritora Haydeé Sardiñas, premio del concurso Juventud Técnica de ciencia ficción, quien, en uno de sus cuentos, “Jane a las diez y media”, no teme establecer una intertextualidad con el cuento “Apolvenusina”, de Yoss:

“Abro mi camisa y acaricio los pechos de Claudia Schiffer, menudos y perfectos. En la bolsa traigo la ropa de su talla. No voy a pasar inadvertido. Soy una rubia que no puede ser ignorada. Pero quién va a reconocerme. Hace más de 20 años se prohibieron las Apolvenusinas. Después de una epidemia de efectos secundarios las limitaron solo al área de experimentación. Mi madre las tenía encima el día que murió y yo las conservé junto con todas las menundencias de su bolso. No sabía que me iban a ser útiles. Pues sí [...]”.

Yadira Álvarez, integrante del taller Espacio Abierto, se acerca por momentos a las temáticas cyberpunks con historias que versan sobre universos distópicos donde los niños son modificados genéticamente para ser soldados perfectos, como en su cuento “Kikubi” donde lo fundamental es la microhistoria, las relaciones interpersonales que se establecen entre los personajes, sobre todo femeninos, y su visión particular de la guerra y la sociedad.

Raúl Flores, ganó el premio Calendario de ciencia ficción en el año 2007, y su libro La carne luminosa de los gigantes (2008) conforma un caso bastante atípico dentro del subgénero cyberpunk. El libro es un conjunto de cuentos-homenajes que habla de las preferencias de Flores en lo que respecta a la literatura, la música rock y el cine. Me resulta interesante sobre todo el primer cuento del libro, con alusiones directas e intertextuales a la “Idoru” de William Gibson y “Crash”, de J. G. Ballard. En otro de los cuentos se hace homenaje al Farenheit 451 de Ray Bradbury, autor cuya influencia se nota en muchos de los textos de este joven escritor. El estilo de Raúl Flores es conscientemente light con recursos a la narrativa rizomática, el pulp, la fantasía del absurdo y muy cercana a una especie de splatterpunk suave, ¿splatterpink? y tal vez esta característica particular lo diferencia y margina un tanto del fandom nacional. Otro autor de la corriente principal o Slipstream que utiliza muchas premisas del género para sus novelas y cuentos es Jorge Enrique Lage, sobre todo en sus novelas intergenéricas Carbono 14, una novela de culto (2010) y La autopista: the movie (2014), un mundo alucinante y postapocalíptico donde de la Habana solo quedan ruinas y sus habitantes malviven a lo largo de una mega-autopista panamericana que se está construyendo por una especie de robots transformers que ellos denominan “contructicons”.

Otra propuesta muy interesante es la que trae en sus Cuentos de Bajavel (2012) el autor Leonardo Gala, sobre todo en “El fin del paradigma Turing – von Neumann”, un relato que contiene una visión postcyberpunk de un mundo donde ya no existen los hackers y el ciberespacio está prohibido a los seres humanos, controlado en su totalidad por inteligencias artificiales.

“— Porque a partir de hoy me desentiendo de esto. A partir de hoy, pulsa tú mismo el botón de la consola si quieres, que cuando regrese de clases te desconecto. No hay hackers en Bajavel, Dany. Solo IAs. Y no son inteligentes como tú o yo, no. Son tan inteligentes como para responderse cosas que ni nos pasan por la mente. De hecho, Bajavel es el cuarto donde nos han permitido quedarnos a solas con nuestras tontas preguntas. Y a las IAs no les gustan los hackers, Dany, así que, si no les demuestras que eres uno de ellos, estarás ok”.

Leonardo cultiva la ciencia ficción cubana al más puro estilo hard, y sus conocimientos de informática le permiten, como por ejemplo en su cuento “Aitana” (2011), desarrollar el concepto de singularidad tecnológica utilizado en la ciencia ficción más reciente, que se preocupa por el desarrollo de la inteligencia artificial y su posible interacción con los seres humanos.

Dentro de la boca del lobo (2015), de Denis Mourdoch Morán es una novela corta cyberpunk. Su protagonista, Cruz, un capo de los bajos fondos cumple condena en La Cueva del Lobo, prisión de máxima seguridad. Allí se propone revivir la relación de Kima, su exnovia, con un nuevo recluso: el Jabao, a través de un dispositivo que le hace disfrutar como propias las vivencias que le son contadas. Mourdoch no muestra elementos geográficos que asocien la trama con una Cuba futura, pero, en el trasfondo de sus personajes y de las sociedades marginales que describe, de las palabras y acciones de sus protagonistas se reconocen muchos aspectos de la realidad cubana actual. Dennis no se contenta con incorporar elementos comunes a otros relatos cyberpunk, sino que es capaz de innovar desde su muy peculiar universo. Así, por ejemplo, se introducen conceptos bastante novedosos como un homúnculo ninja virtual, contratado por el protagonista para hacer trabajos sucios en el ciberespacio y las arrives, especie de IAs de apariencia humanoide femenina, que muestran amplios poderes tanto en el mundo virtual como en el real.

Un virus letal, zombis, clones, robots, un niño con determinados poderes, estos son los temas que aborda Erick Flores en su cuaderno En La Habana es más difícil (2016), con el que obtuvo el Premio Calendario 2015, en el género de ciencia ficción. Flores pertenece a un grupo de escritores, como Jesús Minsal, Carlos Muñoz y David Alfonso que tratan temáticas muy variadas y cubren un amplio espectro que va desde relatos fantásticos o de ciencia ficción tradicionales hasta historias experimentales donde se atreven a combinar la ciencia ficción −y en ocasiones el cyberpunk− con elementos de la fantasía heroica, la magia, el humor y el terror gótico.

Chunga Maya (2017), de Alejandro Rojas Medina, Premio Calendario 2016 de ciencia ficción, está integrado por cuatro cuentos y una noveleta breve (o relato largo) de 40 cuartillas. Rojas da rienda suelta a su imaginación en un worldbuilding a la cubana donde aparecen elementos tan familiares y extraños como un marabú mutante refractario, la moringa transgénica como alimento básico de los ciudadanos, fumigadores de “nanobichos” que van por los barrios intentando controlar las plagas de nanobots que infectan todos los equipos electrónicos, residuos de la Primera Hecatombe Nanorrobótica, clarias mutantes utilizadas como medio de transporte y única fuente de proteína animal, ya que la epidemia gris liquidó la mayor parte de los cultivos y todo el ganado vacuno. Todo este universo ya se muestra en el primer cuento del libro, Fumigador y deja preparado al lector para las siguientes historias.

El libro cierra con “Chunga Maya”, el relato más largo de todos, y por mucho, el más interesante. Chunga Maya es un émulo de Moby Dick, pero no se trata de una ballena sino de una claria gigantesca que tiene bloqueada la isla e impide la salida de vehículos tanto marítimos como aéreos. Para colmo, su existencia ha llegado hasta a generar un nuevo culto: La Orden de Clarius de la Escama. Mayito, antiguo integrante de la Brigada de chapeo de marabú radiactivo, deviene en una especie de capitán Ahab nacional y persigue a la monstruosa claria con el mismo afán vengativo de su colega melvilleano, y todo ello bajo la mirada irónica e imaginativa de un autor como Alejandro Rojas, que en cada momento no para de hacer guiños cómplices a la realidad cubana de hoy.

La más reciente inclusión al género del cyberpunk viene de la mano de Maielis González Fernández, quien en 2015 ganó el Premio Kovalivker de Narrativa breve con su cuaderno Los días de la histeria (2016), un relato en dos partes que recuerdan el 1984 de Orwell, pero que resulta en una metáfora sobre los excesos de la tecnología manipulada con fines políticos.

En 2016 Maielis publicó con el sello español Guantanamera su libro de cuentos Sobre los nerds y otras criaturas mitológicas (2016) con personajes que pertenecen a ese bestiario de seres marcados por la tecnología, los videojuegos, la automarginación y su militancia en alguna de las tantas tribus juveniles urbanas. La Habana de hoy se reconoce, pero a través de una mirada miope y cibernetizada, tal vez por las gafas rotas y pegadas con precinta, distintivo nerd, que le da un sentido de extrañeza y la convierte en una ciudad ajena y extravagante.

Por lo visto el ciberpunk cubano, sus variantes y subgéneros se están abriendo paso hacia nuevas hibridaciones y experimentaciones estilísticas, y pienso que muy pronto se darán a conocer y no solo en Cuba, los autores y libros que traen estas interesantes propuestas. Solo espero que las editoriales (y no solo las virtuales) se hagan eco de este fenómeno. No pido más.

 

 “Sin embargo, cuando el Cyberpunk entró en Cuba su discurso se recargó de perspectiva histórica e ideología--aquella que abraza ciertos valores del individuo burgués que hacen frente a la opresión de las normas impuestas por el realismo socialista, pero que también comparte el miedo de las multinacionales que asumen el control de Cuba y que la exprimen económicamente”. Toledano-Redondo, Juan C. “From Socialist Realism to Anarchist-Capitalism: Cuban Cyberpunk”. Science Fiction Studies 96, Volume 32, Part 2, July 2005, pp. 442-446.

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