No camino errante, camino sabiendo que no quiero llegar: leer al escritor Felipe H. Lopez

 

Mochilas en la calle, Oaxaca, México.

Le ofrezco al lector una reconstrucción de un viaje, la de mi viaje a través de las palabras del poeta Felipe H. Lopez. Confió en que el lector comprenderá que cada trayecto es diferente, aunque el destino sea el mismo y, por tanto, acaso mis palabras solo reflejan una verdad. Sin embargo, sí le invito a que haga su propio juicio, porque es bien sabido que todo viaje nos cambia. Solemos presumir que los espacios se transforman, pero eso no es del todo cierto. Nosotros cambiamos también, quizá nuestra memoria nos hace una mala jugada o— en todo caso— nos traiciona la vida. Eso es, precisamente, lo que nos dice Lopez en su ensayo narrativo “Liaza chaa/ Voy a casa”.

El viajero que por gusto viaja crea todo un imaginario para que su andar sea soportable y venturoso. Es necesario hacer esto porque el viajero no sabe qué le depara allá en su destino. Mas otra cosa muy diferente es regresar a la cuna, a la tierra donde uno aprendió a hablar, a sentirse vivo. En “Liaza chaa” encontramos una voz llena de nostalgia, la narración de un hombre que regresa a su pueblo y se siente fuera de sí mismo. Es extraño ser el extraño en nuestra ciudad o en nuestro pueblo. Y sin embargo es más difícil aceptar que nosotros los que nos fuimos ya no somos quienes pensábamos que éramos. “Ya no parece que fuera yo del pueblo, pero es mi pueblo. ‘Mi pueblo’, digo. Yo nací aquí, mi ombligo está enterrado aquí. Cuando vivía en el otro lado, quería regresar a mi pueblo. Ahora que estoy aquí, no parece ser donde crecí”, así el autor describe la sensación. Suspendido así queda el ser, mora en la orfandad. La memoria de un hombre que salió para los Estados Unidos es un recuerdo que transciende el pretérito y el presente del regreso, por ello el viejo espacio, el del ayer, ya no es suficiente para un caminante que se piensa “un pájaro en el aire, siempre volando”.

Todos maldecimos al tiempo porque es el enemigo perfecto, amigo audaz, sigiloso puñal de doble filo. De niños queremos ser grandes y de viejos anhelamos correr hacia atrás. Buscamos respuestas, por eso caminamos, imaginamos recoger nuestras huellas, no obstante, en el andar, escribe Lopez: “creo que estas calles ya no me reconocen. Los lugares donde dejé mis pasos, mi sombra, ahora han sido cubiertos por el cemento”. Así, el regreso a casa no es fácil pues ahora el cambio no amerita las razones de la partida.

Desde la poesía de Lopez podemos tan solo asomarnos al trasfondo, al porqué del viaje que se despliega en el ensayo. En el espacio poético encontramos a un adolecente que abandona su pueblo buscando un mejor porvenir, sabiendo que iba en busca de un sueño, casi un mito. En “Ya me voy” la voz poética presenta el plan universal de todo inmigrante: “dejaré atrás la pobreza/ compraré cosas buenas/ ganaré dólares/ Voy al otro lado”. Los versos escuetos del poeta evocan el aura del norte mítico, donde se gana y se sufre, lo que algunos llaman el sueño americano. Este norte imaginado, es decir, el espacio hiperbolizado por los que a veces regresan de los Estados Unidos, los hombres y mujeres que regresan a México (siendo o no ciudadanos americanos); se poetiza en “La jaula de dinero”, y entrar a la jaula aludida en este poema es de cierto modo despertar y adentrase en “Un sueño” viviendo lejos de casa, creyendo poder regresar, pero sentirse obligado a quedarse. La paradoja del inmigrante es poema, es maldición, es el pan de cada día de muchos.

Habrá que decir que en la poesía de Lopez reina un tono nervioso que crea un sentido de desesperación, como si el sujeto poético quisiera ganarle al tiempo. Y es precisamente el tiempo lo que perturba a la voz poética, porque dormir es una agonía, porque se le escapa su otra vida en el pueblo, porque la memoria de la madre cada vez es más distante. De modo que el tiempo es la serpiente que cimbra el desconsuelo de estos poemas.

En resumidas cuentas, el ensayo y los versos de Felipe H. Lopez son una confesión, desengaño, ilusión, fricciones; son palabras esculpidas por un zapoteca que ya no es mexicano ni estadounidense, sino un poeta.

Osiris Gómez
University of California, Santa Barbara

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LALT No. 7
Número 7

El séptimo número de Latin American Literature Today hace hincapié en las voces indígenas de América Latina con dossiers dedicados a tres escritores wayuu de Colombia y la poesía y prosa en lengua zapoteca. También rendimos homenaje an renombrado poeta venezolano Eugenio Montejo con un dossier especial, volvemos a los mundos extraños de la ciencia ficción latinoamericana y abrimos un nuevo espacio para la literatura brasileña en portugués e inglés.

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