In Memoriam: Rius para principiantes (absolutos)

 

Eduardo del Río-Rius, uno de los caricaturistas más destacados de México, falleció el pasado 8 de agosto. Autor de centenas de libros e historietas, y ganador del Premio Nacional de Periodismo de México, en dos ocasiones (en 1987, como caricaturista; y en 2010, por su trayectoria periodística), ha dejado un importante legado de humor político y un espacio intelectual que estimula el pensamiento crítico.

Mejor conocido por su seudónimo Rius, fue un caricaturista autodidacta, un maestro informal para miles de personas y una leyenda de su tiempo. Después de 60 años de burlarse de la iglesia, los políticos, los imperialistas, e inclusive los carnívoros, estableció un modelo de humor político que terminó siendo un género propio. Sus amigos y discípulos son los líderes del Boom de la narrativa gráfica mexicana del siglo 21, varios de los cuales son caricaturistas destacados, tales como Boligán, Helio Flores, el Fisgón, Helguera, y la estrella de ciencia ficción y escritor de novelas gráficas, Bernardo Fernández, Bef.

Ahora, debo confesar que estoy escribiendo esta guía: “Rius para principiantes (absolutos)”, siendo una principiante también, dado que provengo de un país que está muy lejos de México, donde no leía Marx para principiantes sino mi libro de texto de historia, y mis padres tampoco leían La Jornada todas las mañanas. Ser una principiante de Rius, significa principalmente ser una principiante de la vida cultural de México. Su obra sigue estando presente en las páginas de los periódicos más importantes del país, de ambos extremos del espectro político. La obra autobiográfica de Rius, Mis confusiones, Memorias desmemoriadas, en muchos sentidos es un libro de la vida de todos en México. Su viaje nos lleva de vuelta a los momentos cuando Diego Rivera pintaba los murales en el Palacio Nacional. Las historias que construyen la vida de Rius son la biografía de un pueblo entero, la vida cultural y política del México contemporáneo.

Los comienzos de Rius en la Ciudad de México, como un inmigrante de Zamora, parece una escena de Contrato con Dios de Will Eisner: un joven sefardí que crece en las vecindades, donde inmigrantes de lugares distintos comparten la pobreza dentro de sus departamentos atestados de gente y paredes de papel. Sin embargo, si la historia de Eisner es solemne y angustiosa, la de Rius es una tragicomedia burlesca. Antes de ser Rius, Eduardo del Río fue un seminarista del seminario salesiano, el cual, por lo menos, ofrecía ropa y comida gratis. Una de sus muchas contradicciones en la vida, pues llegó a publicar más de veinte libros ateos como caricaturista. Comenzó trabajando como secretario, paquetero, vendedor de jabón de puerta a puerta, office boy y contador en una funeraria, pero por supuesto esta no sería una historia de Rius sin alguna coincidencia cómica incluso en una funeraria que, por casualidad, se ubicaba al lado de la mejor librería de segunda mano en México. La Librería Duarte fue un lugar popular de encuentro para varios prolíficos escritores como lo fueron José Agustín, Carlos Fuentes y Carlos Monsiváis. Rius mataba el tiempo en su trabajo leyendo, resolviendo crucigramas y aprendiendo a dibujar. Otro momento de comedia negra se dio cuando un día, en la funeraria, llega Francisco Patiño, director de la popular revista cómica Ja-Já. Patiño notó los garabatos del joven y le ofreció comprárselos, así que una semana después cinco de estos dibujitos se publicaron en la revista. “Humor sin palabras, de Rius” aparece en octubre de 1964 y es así, de la nada, que nace el fenómeno llamado Rius, como él decía “de pura chiripada y sin querer queriendo”.

Rius desarrolló muy pronto una postura anti-religiosa e izquierdista, hasta ser excomulgado por la iglesia católica, por sus colaboraciones en la revista Siempre! En los sesenta empezó a trabajar como director del suplemento cómico El Mitote Ilustrado de la revista Sucesos, anteriormente dirigida por Gabriel García Márquez. El suplemento se convirtió en un espacio donde colaboraron muchos cartonistas activos del momento, como Alberto Isaac, Abel Quezada, Héctor Ramírez Ram y Alberto Huici, fundador del Club de Caricaturistas de México. Además, El Mitote fue un espacio donde Rius tuvo un papel importante como mentor de Rogelio Naranjo Ureña, una amistad que duró hasta la muerte de Naranjo en 2016.

En 1965, Rius empezó la publicación de la serie de historietas Los Supermachos, una legendaria burla política. La serie fue un éxito instantáneo, vendiendo 25.000 copias semanales. Aunque se le considera como la primera historieta política en México, Los Supermachos mantuvo un perfil popular: sus líneas simples y, al parecer dibujadas sin esfuerzo, identifican personajes de la vida diaria con precisión. No es un humor para la élite, sino un alivio cómico coloquial en medio de las complejas tensiones políticas de México. Los personajes son arquetipos del barrio La Merced, donde Rius creció “rodeado por putitas, cargadores, timadores, pachucos, limosneros, vendedores de pájaros enjaulados, y viejas beatas”. Transformó personas de su vida en personajes inmortales, como su tía Angelita de Zamora, quien seguirá viviendo gracias a la tía Eme de Los Supermachos.

Después de la censura de Los Supermachos se lanzó a crear su otro clásico: la serie Los Agachados, donde trazó la historia mexicana desde la conquista española. Siguiendo los acontecimientos de la masacre de Tlatelolco en el 68, Rius junto con Helio Flores, AB y Naranjo, crearon la revista La Garrapata, como un esfuerzo para defender el movimiento estudiantil. Fue secuestrado por el ejército debido a su activismo social y su apoyo abierto al comunismo. Sin embargo, Rius nunca dejó de utilizar el humor político como critica, lo cual se convirtió en su propio género. Es una narrativa que ejerció hasta cansarse de ella (o por lo menos esto es lo que él mismo afirmaba).

Ruis tenía ese don de humanizar (y humorizar) los temas más complejos, acercándolos a la gente de una manera didáctica, aunque no necesariamente pedagógica. Carlos Monsiváis decía que en México existían tres departamentos de educación: el Secretariado de Educación Pública, Televisa y Rius. Su educación era el liberalismo, la tolerancia y pensamiento abierto. Publicó más de cien libros sobre religión, filosofía, política, economía, feminismo, problemas sociales y hasta teorizaciones sobre el fin del mundo, el vegetarianismo y la estupidez humana. Destacan los primeros libros procomunistas de la serie “para principiantes”: Marx para principiantes y Cuba para principiantes, aunque después publica varias formas de crítica contra la Unión Soviética y la Cuba de Castro. Se le recordará como uno de los críticos más mordaces contra el imperialismo estadounidense, el capitalismo y la corrupción.

Rius es un elemento decisivo en la continuación de una fuerte tradición narrativo-gráfica en México. Nos dejó con un género propio de humor político, varias revistas especializadas como El Chamuco y una generación creativísima de cartonistas, ilustradores, escritores y periodistas. Es un maestro de palabras y dibujitos que cuestionan, critican, invitan, enseñan y, más que nada, nos dejan espacio para tomar un respiro. ¡Gracias por todo Rius!

P.S. Seguramente me contestaría lo mismo que le contesto a Bef cuando se conocieron en 1992:"Me dedico a esto por leer tus libros "  -“¿Y yo que culpa tengo, mano?”

Radmila Stefkova
University of California, Santa Barbara

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El cuarto número de LALT destaca voces latinoamericanas que están subrepresentadas, pero merecedoras de nuestra atención, con un énfasis en las escritoras además de secciones especiales dedicadas a la ciencia ficción, la poesía y la prosa en lenguas indígenas y la relación esencial entre autor y traductor.

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