“Quiero que mi hija no sienta vergüenza en decir Inché ta mapuche”: Una conversación con Mariela Fuentealba Millaguir

 

Nunca he tenido el placer de conocer a Mariela en persona, pero hemos intercambiado correspondencias a través de los años y desde distintos continentes, así es que se podría decir que con el tiempo hemos logrado una amistad. La primera vez que leí su novela Cherrufe (2008) fue hace siete años en un curso sobre literatura indígena que hice cuando era estudiante universitaria. En ese momento, me atrajeron de inmediato las historias que, en la superficie, parecían ser muy sencillas, pero que después de una lectura más profunda revelaban asuntos complejos de la cultura, la política y las tensiones económicas en Chile.

Ahora, yo, en mi apartamento en Sevilla y Mariela en Panguipulli, Chile, hacemos esta entrevista. Mariela Fuentealba Millaguir es una escritora profundamente comprometida en su comunidad y su obra se ha difundido por los Estados Unidos, Rusia, Alemania y Suiza. Mariela es considerada como una de las narradoras más importantes de la comunidad mapuche. Ha publicado varias obras que incluyen Cherrufe y su libro reciente, Cuentos de Sayen, ambos recibieron apoyo de CONADI (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena).

Sarah Booker: Primero, ¿me podrías hablar sobre tu historia y sobre lo que estás haciendo hoy en día? Por ejemplo, ¿de dónde eres? ¿Cómo era tu experiencia de crecer en Panguipulli? ¿Dónde te encuentras hoy en día y en qué estás trabajando? ¿De qué va tu nuevo libro?

Mariela Fuentealba Millaguir: Nací en Panguipulli, ciudad que se encuentra a 850 km de la capital nacional Santiago de Chile. Panguipulli en idioma mapuche o mapudungun significa Espíritu del Puma. Es una tierra netamente mapuche, donde mi antepasado Tadeo Millaguir era propietario de grandes extensiones de terreno. Mi familia radica en Ñancul (Aguilucho), pequeña localidad distante a 12 km de Panguipulli. Ahí crezco, vivo, juego y sueño junto a mi gran familia por el lado materno.

Crecí como una niña que los fines de semana visitaba a sus abuelos en el campo (Ñancul), y fue ahí que comencé a interesarme e impregnar de mi sangre mapuche, ya que mi abuelo materno, Crecencio Millaguir Collilef, es 100% mapuche. Él me inculcó el amor y respeto por la naturaleza, por todo ser vivo, me enseñó a pedir permiso al árbol, al río, a cada ser viviente que convive con nosotros. Hoy vivo junto a mi esposo e hija en el campo, en un sector que se llama Anhuaraque (“lugar donde se asientan las bandurrias”), Anün= Sentarse, Raki=Bandurria (ave del sur de Chile). Trabajo actualmente con mi padre llevando un negocio familiar. Mi cuarto libro ha sido un proceso lento de trabajar porque cuenta la historia de una mujer mapuche (anciana de 80 años), a quien visito, converso con ella, y poco a poco ha ido abriendo su mente y corazón para contarme su historia.

SB: ¿Cómo llegaste a escribir Cherrufe?

MFM: Cherrufe nace un día, cuando entré a la casa de mis abuelos maternos, aquella casa donde tantas veces corrí y jugué. Fue como sentir un golpe en la cara, cerrar los ojos y ver a mi abuelo contando sus bellas historias. Fue entonces cuando comencé a escribir aquellas historias y travesuras que viví con mis abuelos y mis tíos, en aquella gran casa. En un principio el libro se iba a llamar “La Casa”, pero cuando escribo la historia de “La bola de fuego”, decidí cambiar su nombre.

Una noche me despierto a las 3 de la madrugada porque me había soñado con mi antepasado (Tadeo Millaguir). Hago presente que, para nosotros, los mapuches, la conexión con nuestros Kuifikecke (antepasados) es través de los sueños (Pewma); ahí nos comunicamos con ellos. Este sueño, del que hablaba antes, me despertó y tuve la necesidad de escribirlo. Todas las noches me pasaba lo mismo, despertaba a la misma hora. Fue así que comencé a escribir este sueño donde mi bisabuelo me incrustaba una gran bola de fuego (Cherrufe) en el pecho. Desde ahí no he dejado de estudiar y trato de aprender cada día de mi pueblo.

SB: Presentas Cherrufe como un texto que existe con el fin de dejar la memoria mapuche a tu hija. ¿Cuáles aspectos en particular quieres preservar y compartir con ella?

MFM: Mi hija Carolina nace cuando mis abuelos maternos ya habían fallecido, entonces ella sólo los conocería por mí, por mi memoria. Tengo que hacer presente que el pueblo mapuche es un pueblo de memoria oral, todo se transmite, cada conocimiento, cada vivencia, cada historia. Es ahí cuando nace en mí el interés de que mi hija conozca como viví aquella época de infancia feliz con mis abuelos.

Quiero que Carolina no sienta vergüenza en decir Inché ta mapuche (Soy Mapuche), llevo esta sangre valiente, sangre de miles que murieron para preservar lo que hoy tengo. Quiero que aprenda a hablar nuestro idioma, a respetar lo que somos, a conocer nuestra cosmovisión, que, sin duda, todo el mundo debería conocer. Estoy segura que, si pensáramos como mapuches, o como otros pueblos originarios, el mundo sería mucho mejor, pues ante todo el Mapuche respeta, y respeta su palabra, sus orígenes, a cada ser que vive en el planeta.

SB: Siguiendo el tema de los niños, también escribes literatura para niños, ¿verdad? ¿Has visto que hay una influencia entre la escritura para niños y el otro tipo de trabajo que haces?   

MFM: Escribo cuentos para niños e incluso soy “Cuenta cuentos”, hago con ellos un rescate de memoria a través de los juegos. Les enseño cantando, traduciendo pequeñas frases en mapudungun que ellos aprenden y luego replican en casa. Panguipulli es una ciudad donde vive mucha gente que lleva apellido mapuche, pero muy pocos conocen de su gente, de sus antepasados, es por ello que a través de los niños me proyecto, para que ellos aprendan jugando y cantando. Así replican en casa el saludo mapuche, los nombres de animales, de sus padres, entre otros.

Hasta el año pasado trabajé en varios colegios, enseñando el mapudungun, que, finalmente, no es solo un idioma, es una forma de vida, y por lo mismo es tan difícil de comprender. Recordar que nuestro idioma es parte de la tierra, somos gente de la tierra.

SB: La poesía mapuche representa una parte importante dentro de la literatura chilena y está llegando a tener más visibilidad en términos globales, pero lo que escribes tú es narrativa, una “novela mapuche”, como se dice en el título. ¿Por qué decidiste escribir una novela? ¿Cómo te localizas dentro de las tradiciones literarias tanto mapuches como chilenas y/o globales?

MFM: Un día un amigo me dijo “Levantas una piedra y sale un poeta mapuche y tú eres la primera en escribir una “novela”, novela como concepto occidental. Creo que mi narrativa trata de contar y rescatar la memoria oral de mis antepasados, cosa que no encontraría en la poesía. Yo no pretendo colocarme etiquetas, ni señalarme como poeta, porque no lo soy. Cuando comencé a escribir no pensé ni decidí hacerlo como novela, yo sólo quiero contar a través de mis escritos las historias de vida de mi gente.

Yo no me defino ni me localizo dentro de ninguna tradición literaria, es la gente la que siempre quiere encasillar y poner nombre, yo soy libre y así me siento. Es difícil, muchas veces, sentirse fuera del sistema, porque mi idioma, el mapudungun no es un idioma escrito, por lo tanto, es complejo escribir historias de mi pueblo dentro de una lógica occidental.

SB: Una de las cosas que más me llama la atención en Cherrufe es la manera en que incorporas el mapudungun dentro de la narrativa. Esto se ve con más frecuencia en el capítulo titulado “Traición”, lo cual tiene un estilo mítico. ¿Cómo decidiste hacer esto y qué efecto esperas que tenga para los lectores?

MFM: Quiero que la gente conozca y sepa que existimos, que somos un pueblo que, a pesar de muchos años de silencio, estamos presentes. Por ello he decidido incorporar nuestro idioma en Cherrufe, porque, aunque sean pequeñas palabras, las personas que lean mi libro sabrán que hay un idioma distinto en Chile, y que este idioma junto con su gente estaba antes de la llegada de los conquistadores. Muchos dicen que somos un pueblo extinto, eso no es verdad, estamos aquí y seguiremos aquí, pues mientras haya un mapuche que defienda lo suyo, no moriremos.

SB: Eres escritora y de lo que entiendo, ahora estás trabajando en tu cuarto libro. Pero también entiendo que eres haces música también. ¿Qué tipo de música tocas y ves que tu práctica de música tiene una influencia en tu escritura?

MFM: Soy escritora, profesora de mapudungun, y cantante (Ullkantufe). Junto a mi esposo tenemos un grupo que se llama “Kütral Mapu” (Fuego y tierra), hacemos rescate de música mapuche, pero también interpretamos nuestras propias obras. Canto en mapudugun a veces con traducción, hacemos uso de instrumentos musicales mapuches, tales como: Kultrum, kaskawillas, pifilkas, txutxuca. Nos hemos presentado en varios escenarios y llamamos mucho la atención, porque hacemos música fusión, incorporando la guitarra clásica (Andrés, mi esposo, es concertista de guitarra clásica), pero también incorporamos el rap denuncia (Carolina, mi hija, ella rapea), yo soy la voz principal y toco percusiones, junto a mi gran bandera mapuche que la llevo a cada escenario donde nos subimos. Así es que les dejo invitados a visitar nuestra página web (www.kutralmapu.cl) o a seguirnos en las redes sociales, Facebook y en nuestro canal de YouTube.

Soy una mujer orgullosa de mi sangre, de mi raíz, de lo que puedo proyectar y enseñar a los niños, creo que lo importante es reconocerse desde donde uno viene, y para ello debemos ser fieles con lo que queremos.

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El cuarto número de LALT destaca voces latinoamericanas que están subrepresentadas, pero merecedoras de nuestra atención, con un énfasis en las escritoras además de secciones especiales dedicadas a la ciencia ficción, la poesía y la prosa en lenguas indígenas y la relación esencial entre autor y traductor.

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