Tres poemas

 

Camila Charry Noriega, poeta colombiana.

Solo amamos en la vida las presencias que la cruzan como mensajeras de otro mundo. 
Nicolás Gómez Dávila

En la palabra

el río 
corre cuesta arriba 
restituyendo el tiempo, 
la vida,
lo arrasado.
Pero vivir es el río que regresa
y los derrumbes,
la violencia de los días
donde existe dios.

Un perro nos espera  
en ese fondo imposible que penetra la palabra,
luminoso permanece
en el envés de la vida
y acá hiere su distancia 
hiere su canto bajo la lluvia
su agotada carne, su lengua mansa.

No puede la poesía reconstruir huesos y dientes
y el perro nos observa desde ese fondo imposible que es la muerte;
su impulso, sin embargo, lo hace cardinal.

Ciertas cosas 
habitan la potencia de lo innombrado,
ciertos abismos en la vida
tocados jamás por el lenguaje,
cosas iluminadas solo desde su interior
de ligera luz
retenidas en su estado de latencia.

A veces desde afuera algo las enciende;
la poesía que en la vida es aliento 
nos devuelve a la abertura
a una imagen descuajada de los signos que se llaman;
la palabra a la distancia
que las saca del pasado
y las arranca de su reposada inexistencia.

Pero en esta habitación todo tiene nombre propio;
un perro observa los días  ya sin él, 
tiene nombre, 
pues es propio de la vida  nombrar
todo lo que arde y fluye.

Conocemos el pasado de esas cosas solas
que nos miran desde la imposibilidad,
somos lo elegido por su fuerza.

Transcurrimos entre ellas atentos al polvo
que cada semana les borramos,
son la vida
y para ellas nuestro nombre
es una huella dactilar
o la vuelta que les damos para que el sol no las irrite.

Incólumes persisten. 

A diferencia de nosotros,
gozan ellas de un piadoso dios
que las salva de la ruina.

 

Calvario

La res se tiende sobre la hierba y espera la herida
la luz del cuchillo;
ese segundo de olvido que conduce a lo otro.
Para evitar el hambre
la madre sumerge el rostro de su hijo
en las entrañas tibias de la res;
ese universo de carne y vísceras.
En los ojos abiertos de la res muerta
el niño se contempla un instante
y comprende sus propios ojos,
su voz sorda
deformada por su aliento
y por el aliento último de lo que existe.

 

Magdalena

De una vieja ceiba
tres soldados cuelgan a un perro de manchas cafés.
Como repitiendo los gestos de un espíritu cruel
intentan desprender la cabeza del animal
intentan separarla de su cuerpo.
Por turnos estiran la cadena
que une al perro con el árbol
fuman, 
ríen 
toman aguardiente
en improvisadas copas hechas de totumo.

Matan el tiempo entre la selva, 
se divierten cuando el perro aúlla
y su llano animal se extiende tremendo
hasta que al fin la cabeza 
del cuerpo se separa. 
Entonces toman sus fusiles en silencio 
y vuelven por la espesa selva
tranquilos
a sus rondas nocturnas. 

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LALT No. 3
Número 3

El tercer número de LALT incluye el lanzamiento de una sección permanente dedicada a la Literatura Indígena, con obras escritas en idiomas que van desde el mapudungun hasta el tzotzil, además de cuentos extraordinarios de Cristina Rivera Garza y Yoss, la estrella naciente de la ciencia ficción cubana.

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