La noche de las nubes

 

Juan Carlos Méndez Guédez, autor venezolano.

...Santa Virgen de Barajas, le prometo que no es un tango, es que me gusta silbar cualquier cosita, silbar mucho y por eso pongo esa cara cada vez que aquí en Madrid me gritan: Argentina  y yo, por supuesto que no, señor, de muy lejos, de bastante lejos, venezolana, señor, a sus órdenes, nacida en El Tocuyo, y ellos me dicen, ah, vale, algún pueblo argentino, y yo no, señor, más arriba, mucho más arriba, pero no vivía allí sino en Caracas que tampoco está donde usted dice, y ellos ah, en el norte de Argentina, así que no hay caso y yo no les explico porque con que me paguen mis tortillas ya tengo suficiente, que me quedan muy buenas, mucho, sí seguro usted las ha probado, segurito, porque si se desayuna usted por la calle Alcalá, o por Barquillo, o por Prim, o por Infanta, pues todos esos bares me compran las tortillas a mí, que se las hago como nadie y mire que yo no sabía, yo no tenía ni idea pero fue llegar a España y aprender, que una aprende y es buena persona y carajo, ahora viene usted y me dice que a mi hijo lo devuelven, que a mi hijo lo montan en ese avión y de regreso a casa, ay Santa Virgen de Barajas, y yo tengo la bolsa llena con las tortillas de esta mañana  y en todos los bares se quedaron esperándome porque nunca  he fallado y la gente tendrá que comer cruasanes y donuts y esas porquerías que no alimentan ni saben a nada, pobrecitos ¿qué va a desayunar esa gente hoy si estoy aquí? y  yo que vine tan contenta a buscar a mi muchacho y ahora me lo tienen encerrado, esos hijos de la gran puta, con perdón, porque yo hasta había hecho una tortilla de más para brindársela a mi hijo y que él se fuese a dormir a casa bien comido, que vendría reventado, que el viaje es cansón y ahora usted dice que me lo dejan dentro, que no puede pasar,  y usted no tendrá hijos porque es muy joven, pero carajo, fíjese lo que es levantarme más temprano que nunca para buscar al muchacho, venir aquí, silbando feliz, silbando como nunca del puro contento que traía, y que ahora me den ese disgusto, con mi hijo, el que me queda, ¿sabe? porque al primero le gustó estudiar y sacó una carrera y yo no sé si por eso mismo le dio por meterse en política y me lo mataron en una marcha,  al del medio que tenía una venta de refrescos me lo mataron en un atraco cuando estaba sacando plata del banco para comprarse un carro, y al tercero, que ese sí me salió malo y perdido,  a ese lo metieron preso por vender unos camiones que no eran de él y lo rajaron en la cárcel peleando por un plato de arroz , así que me queda este, que no es ni el más estudioso, ni el más bruto,  pero que le gusta trabajar, que trabaja mucho y tiene años con una frutería, una frutería pequeñita, y por eso no quiso venirse cuando yo le insistí, cuando le dije vámonos a cualquier sitio, porque aquí morirse es como demasiado fácil, y en las mañanas una se bebe el agua y sabe como a muerte y se bebe el café y sabe como a muerte y camina por la plaza y el aire huele como a muerte, y ya no aguanto más hijito, venite conmigo, porque los muertos que vamos dejando lejos se nos quedan vivos, se nos olvidan un poco y por eso viven otra vez, allá lejos, pero él ni hablar, no, no, y yo me vine con una sobrina, y quería traerme a ese hijo que andaba enamorado y no quiso venirse hasta que el mes pasado me lo secuestraron, a él, a las frutas, al empleado que tenía, me lo secuestraron dos malandros, y lo metieron en un camión lleno de melones y guayabas y parchitas y cambures y me llamaron aquí y me dijeron que él ya les había dado platica pero que eso no alcanzaba y que girase yo dos mil euros o le cortaban los dedos y me los mandaban en un sobre aunque llegasen piches, y yo les pedí por la Virgen y por todos los santos que no lo hiciesen, así que saqué mis ahorros y los mandé, y cuando hablé con mi hijo le dije: mirá pues, te salvé los dedos, pero venite para acá, traete a la mujercita con la que andás, y traete las frutas y hasta el empleado y hasta la furgoneta te la traes si la querés mucho, pero no te quedés allá, guaro pelao, no tentés la suerte, salvate tú, ya que tus hermanos no pudieron, lo convencí ¿ve? porque al final esos mal paridos terminaron haciéndole un favor al muchacho, le dieron fuerza para escaparse, y la única marca que le dejaron fue una raja en la cabeza que le hicieron con la cacha de una pistola, pero usted me viene ahora con que esos hijos de las mil carretadas de puta de la policía dicen que no, que no lo dejan entrar, que lo deportan porque trae poco dinero, que les parece sospechoso, sospechosa la putísima madre que los parió a todos, que vendrá pálido, que traerá el susto del avión, que estará asustado y se mirará los dedos de la mano, y le parecerá mentira traerlos enteritos, que mirará a un lado y les dará miedo lo peludos que son ustedes, y que les huela la boca a ajo, que a mí también me daba miedo al principio, porque nosotros en casa, el ajo un poquito para la carne o para espantar a los vampiros que le chupan el cuello a las mujeres para preñarlas, que eso decía mi abuela que no salió nunca de su finquita de café por Guárico y murió feliz siempre,  pero no se ofenda, no me ponga esa cara, si a mí ahora el ajo me encanta y los domingos agarro pancito y ajito y tomatico y lo como tan feliz y pienso que podría estar comiendo con mis muchachos si no me los hubiesen ido matando a todos, comiendo juntos y sin pensar que cualquiera se nos aparece para cortarnos los dedos o que un motorizado saca un pistolón de policía y se lo vacía en la barriga a mi hijo el mayor, bien le dije que se estuviese quieto, pero la esposa tuvo la culpa, le llenó la cabeza de vainas, la esposa lo metió en grupos de la universidad y lo llevaba a todas esas marchas y ahora anda como loca de dolor, igual que yo, pero no me habla porque el día del entierro casi le saco los ojos, y yo sé que estuvo mal, no debí hacerlo, pero lo hice y ya está y se acabó y por eso me vine, para no arrancarle los ojos a cualquiera, porque eso es lo que quería en esos días, y también cuando me mataron al otro saliendo del banco, sonreído como un bobo porque se iba a comprar un carro verde, mi guarito pendejo, ah mundo, así que ahora sólo quiero que me dejen pasar al menor de los muchachos, que no lo fastidien más, porque este no quiere carro, ni quiere gritar contra nadie, ni jamás irá a la cárcel, éste sólo quiere tener sus diez dedos,  entiéndame, no es tan complicado, yo estoy segura de que a usted sus diez dedos le gustan, si tiene usted una manos muy bellas, señor, no se ponga rojo, las tiene muy bonitas, y mi hijo también, y yo desperté feliz esta mañana porque pensé que aquí puede ayudarme a repartir las tortillas, o puede estar un tiempo de camarero o recogiendo fresas, que el muchacho no le tiene miedo al trabajo, le tiene miedo a los secuestradores que llevan tenazas así de grandes y que a veces hacen películas de cómo le cortan los dedos a la gente, sí, sí, no ponga esa cara, si yo sé que usted sólo me está avisando, que usted no tiene la culpa, pero haga algo, dígame con quién hablo, a quién me le arrodillo, a quien le saco los ojos y me le arrodillo y le vuelvo a sacar los ojos, porque mi muchacho tiene que quedarse, no me lo regresen, si él siempre fue especial, callado, tranquilo, sólo le gustaba silbar, y silbar está muy bien decía mi hijo, porque es como sacarse los pájaros que uno lleva dentro, sí, porque habla dulce, mi hijo, señor, decía cosas ricas, de niño cuando vimos un cielo negro negrito me dijo que había noches tan noches que hasta para las nubes era de noche, y me lo repitió varias veces, la noche de las nubes, mamá,  la noche cuando no se ven las nubes porque para ellas hay una noche tan noche que es todo oscuridad,  y yo pienso cuando él me decía estas cosas y me da como una tristeza bonita porque es como si él le hubiese puesto palabras a algo que yo necesitaba saber y que todavía no conozco, y ahora me viene usted con esas de que lo regresan, carajo, que no hay derecho, digo yo, ¿sabe usted que el padre de ese muchacho era español? ¿lo sabe? pues sí, de un pueblo de Orense, de una aldea, o algo así, pero claro, no tengo papeles, si por no tener no tengo ni al hombre, que apenas nació mi muchacho el desgraciado se nos desapareció, trabajaba en la agricultura y me dijo que le había salido un trabajo en Guanare recogiendo arroz, y nunca más se supo, pero en casa queda una foto de la aldea, si es necesario la busco y se la traigo, una aldea muy bonita, casas oscuras, de piedra, sí, sí, ya sé que la foto no serviría de nada, pero ayúdeme, no sea malo, mire, si ya mismo le regalo cinco tortillas, que no, que no, que no es molestia, si ya igual perdí la mañana, no me haga el feo, ¿una sola? pues sí, ya sé que usted es sólo el que da las malas noticias y no el que decide, pobrecito, ya me dirá usted si no no es eso un poco triste en la vida, ser como un cuervo que sólo lleva los malos encargos,  no, no se me ofenda que le doy la tortilla con mucho cariño, si ya sé que no puede hacer nada, pero pruébela, pruébela y dígame si alguien que cocina una tortilla como esta puede ser mala persona, dígame si alguien que hace una tortilla como esta puede tener un hijo mala persona, porque en varios bares me han contado que hay hombres que se les han salido las lágrimas al probar mi tortilla y han empezado a decir que desde que se las hacía su abuela nadie se las había preparado tan buenas, si es que es así, vamos, pruebe un poco y luego me hace el favor y me le lleva una tortilla  ¿a que está rica? y tengo una sin sal para los que sufren de la tensión, que yo pienso en todo, ya sé que usted tiene pinta de que no sufre de tensión ni de nada, que se ve usted muy bien y si yo tuviese cuarenta años menos le juro que no se me iba usted sin un mordisco en la barbilla, que tiene usted una barbilla preciosa y ese hoyuelo le queda riquísimo, no se ponga rojito, señor, y prométame que le dará la tortilla al muchacho, que eso lo va a animar, aunque nunca las habrá probado y menos de mi mano, que yo no sabía hacerlas hasta hace poco, pero mis arepas, señor, ay mis arepas, esas sólo las hago para un restaurante por la calle El Barco, vaya usted cualquier día y las prueba,  o mejor yo se las traigo a usted y a los señores policías que no me quieren dejar entrar a mi hijo, si es que hay que tener un corazón muy duro, llévela la tortillita, él seguro se comerá un trozo y repartirá el resto, que es buen muchacho y me dicen que en el lote de gente que no dejan entrar hay un niño de cinco años, pobre criaturita, hace un rato hablé con la mamá, ella sí está legal en España y ahora no le dejan entrar al niñito de cinco años, ¿no ha visto usted a la mujer? muy buenamoza, con un pañuelo en el cuello y unas caderotas de esas que  vuelven locos a los hombres, pero la pobrecita está que se muere porque al niño se lo quieren devolver a República Dominicana, que es un escándalo, claro, un escándalo, aunque yo entiendo que tendrán un número de gente que devolver cada día, seguro que es así, y yo lo entiendo, pero no hay que exagerar, aunque le aseguro que ese niño en República Dominicana está bien cuidado  y seguro si se lo propone será un gran pelotero o cantará en una orquesta de merengue, ese niño tiene la vida por delante, pero mi muchacho no, mi muchacho canta horrible y es demasiado barrigón para jugar pelota,  así que si deben devolver a alguien pues devuelvan al niño y dejen pasar a mi hijo, que si se regresa al poco me lo vuelven a secuestrar, y entonces ustedes dejarán que entren a España los dedos de mi muchacho, cuando era más fácil dejarlo entrar entero, no me mire así, vamos a ver, yo le prometo que mi muchacho está sano, pero ese niño a lo mejor trae escarlatina, imagine usted una epidemia, o a saber si ese niño no tiene instintos asesinos y es muy peligroso, porque un niño que se cría sin su madre, ya se sabe, a lo mejor lo han mandado ahora porque le sacaba los ojos a los gatos y a los perros y hasta había empezado a darle mordiscos a la abuela, si es que en verdad el policía que retuvo al guarito dominicano tiene razón, me quito el sombrero, qué ojo, qué talento, pero a mi muchacho, caramba, mi muchacho no, no lo dejen que se devuelva, venía contento y se iba a traer después a su mujer y yo estaba dispuesta a recibirla porque aunque me odia la guara es muy trabajadora y no debe ser mala muchacha, vendió todo lo que tenía para pagar el rescate, lo que pasa es que todo lo de ella era muy poco y tuve que salir yo, como siempre, a salvar la situación, así que míreme, cómo me puedo sentir, usted se imagina que yo deba devolverme a casa sola y mi muchacho allí, en una tierra de nadie, no por Dios, no Santa Virgencita de Barajas, no me abandones, hazme el milagrito, ¿ah? ¿por qué me mira así? ¿no lo sabía? claro, la Santa Virgencita de Barajas, usted no la conoce porque usted no la ha necesitado nunca, pero se aparece siempre, todos los días, es una mujer bella, de cabellos negros y  ojazos verdes, y unos pechos hermosos y una bocota bellísima, con labios gruesos como de negra, bemboncita la Santa Virgen, si en verdad yo pienso que es más bien María Lionza, un espíritu bueno que hay en Venezuela y que cuida la montaña de Sorte, y que es una mujer que vive en los ríos, pero me dicen las amigas que más bien debe ser la Virgen porque ayuda a todo el que la necesita y en eso es como muy internacional, como muy de todos nosotros, ¿no lo sabía? yo no sé si creo en Dios, para qué le voy  a mentir, me han pasado tantas cosas, pero en la Santa Virgen de Barajas seguro que sí creo, al cura de mi barrio no le gusta que diga esto, pero lo de Dios está por demostrarse, en cambio lo de la Virgen de Barajas yo puedo darle fe, si el día que yo llegué el policía no me quitaba el ojo de encima, ya me tenía lista,  y entonces cuando ya casi me tocaba pasar yo y tenía un señor por delante, al hombre le empezaron a aparecer serpientes y arañas por el cuerpo, sí, no me mire así, se lo juro por mis hijos, varias serpientes y como cinco arañas le salían por el abrigo, y la gente empezó a gritar y los policías arrestaron al hombre y comenzaron a perseguir las serpientes y las arañas, así que se armó la de Dios y nos sellaron el pasaporte rapidito y nos dejaron pasar a todos, ¿no lo ve? un milagro de la Virgen de Barajas para que me dejaran entrar con mi sobrina, y podría contarle muchos casos más, gente que ya ha estado esperando que la embarquen en el avión de vuelta y de repente se ve una luz y un viento como si el aire estuviese silbando, y una señora se les sienta al lado y los toma por la mano y sin decir nada los lleva por pasillos y pasillos y de repente la Virgen abre una puerta, y otra y así hasta siete puertas, y en la última la gente ya sale a Madrid, sale a la parada del autobús y se encuentran mirando ese cielo tan bonito que hay aquí, tan azul, tan como de foto, se lo juro, y mil casos así conozco yo, pero hay quienes dicen que la Virgen no es exactamente una Virgen sino una aparición buena, una mujer a la que no dejaron entrar y que lloró tanto y tanto porque al devolverse la iba matar el marido que había abandonado, hasta que la pobre se murió de un infarto en el sitio donde la encerraron, pero antes de morirse se quedó mirando al policía que había ordenado que la devolviesen y le dijo: mirá que poca memoria tenés, con lo bien que recibieron a tu tío Pancho en Caracas, y lo bien que le fue a tu abuelo en Barquisimeto, y el policía se quedó pálido porque nadie sabía la historia de su familia, y al policía le empezaron a pasar desgracias y le salieron manchas negras en la cara y después escuchaba la voz de la mujer todo el tiempo, reclamándole, y una mañana el policía se metió en uno de los baños del aeropuerto y se voló la cabeza de un tiro, y desde ese día la mujer aparece y lleva por el pasillo a muchas personas para que no los devuelvan, se lo juro, ¿por qué me mira así? no se sonría, con esas cosas no se juega, a mi sobrina un día le dio por sonreírse cuando yo contaba lo que nos había pasado con las culebras y las arañas y a los cinco minutos se le torció el pie, y eso le viene mal porque trabaja doce horas limpiando casas, y no podía levantarse de la cama, así que se lo dije, con eso no se juega, pero peor me fue a mí que aparte de las tortillas tuve que limpiar un montón de apartamentos, si es que se lo digo, una no viene a que le regalen nada, que una está allí cuando la necesitan, si yo mismita fui a donar sangre el día que aquellos hijos de la gran puta pusieron las bombas en Atocha, tres horas estuve, estuvimos, mi sobrina y yo, y sólo a ella la dejaron donar porque yo y que estaba muy vieja,  pero yo estuve allí, aguantando el frío y la tristeza de esa mañana que usted ya no recordará pero fue un día gris y con viento, y entonces por mi barrio llenaron las esquinas con velas y hasta con jugueticos de niño y yo no paraba de llorar por culpa de esos mal nacidos, por esos desgraciados que ojalá ardan siempre en el infierno, si es que el infierno existe, que no sé yo, porque no creo que habrá un lugar tan grande para tanto hijo de puta y tanto cabrón, pero yo ese día no paraba de llorar, era como si lo más horrible de lo que yo había escapado también estuviese aquí, y me fui a donar sangre, vea usted, a mi edad, así que dígales usted eso a los policías, dígale que se ganen hoy el cielo un poquito y lléveles también una tortilla, que si las prueban seguro se les quitan las ganas de hacerme el mal, y si son buenos palabra que no les faltarán aquí nunca unos huevitos estrellados que también me quedan ricos, y en todos los diciembres tampoco les faltarán unas hayacas, que le juro que se volverán locos cuando las coman, hayacas sí, que me quedan buenísimas y si usted no las ha comido nunca, pues no sabe lo que se pierde, mi hijo el que ustedes quieren desgraciar devolviéndole al infierno es buenísimo preparando la masa, porque el secreto de la hayaca es amasarla bien, ¿usted no sabrá amasar? ¿pero qué dice? no, ni consulados ni nada de eso, que esos parásitos no van a ayudar a mi muchacho, gánese el cielo, hijo, sea bueno, sí, ya sé que usted no puede, pero lo conocerán, ¿no? por algo viene a avisarme, solo unas palabritas, hábleles, hábleles, o déjeme ir a decirles yo, quiero que me hablen a la cara, que me digan que van a expulsar a mi muchacho, quiero que me lo suelten en la cara y así les cuento lo del policía que tuvo que meterse en el baño porque las voces nunca más lo dejaron dormir, sí señor, se los digo, que estén avisados, no, no, no me pongo violenta, ni estoy amenazando, soy una vieja, una vieja no amenaza y si lo hace no hay que hacerle caso, pero les voy a contar la historia, nada más, para que la sepan, ay, Virgen, parece mentira que a todo desgraciado sin alma que nace en este país lo contraten en Barajas para que joda a la gente, se lo digo en serio, si no estoy gritando, si ya entiendo, sí, sí, ya veo, si ya comprendo lo que acaban de decirle por el aparatico ese que lleva en la oreja, sí, ya veo que el avión acaba de despegar y me mandaron de vuelta al muchacho, mil gracias, que Dios se lo pague, que le pague el doble de lo que usted y ellos me están haciendo, sí, sí, y mire, allí está la madre del niño que no dejaban entrar, y trae al niño de la mano, el niñito, que pequeño se ve, ¿se da cuenta? otro milagro de la Virgen, otro más, si es que la Virgen no falla, no hay día en que no se manifieste, lo que pasa es que si es tan Virgen y tan santa y tan buena debería fijarse mejor, carajo, que nada le costaba salvar a mi hijo, traérselo por los pasillos, si es que esas vírgenes son muy ñoñas, por eso es que la gente ya no cree y lo que quieren es drogarse y pecar y beber, con tanta ñoñería no se puede, la Virgen vio al niño pequeñito y lo salvó, con lo bien que estará ese niño al lado de su abuela, a saber qué clase de madre deja un niño tan pequeño y se viene, carajo, es que ya ni las vírgenes son serias, mire la cara de vagabundo del niño, mire esos ojos, si parece un demonio y encima le está mirando el culo a esa compañera suya que le está haciendo señas para que usted me deje sola, sí, sí, con cinco añitos, qué peligro, qué vaina con la Virgen, hasta aquí podíamos llegar, vamos, me retiro, ni un padrenuestro más, ni un credo, que le rece la putona  madre del monstruo ese que acaba de colárseles aquí, me voy, me voy, se lo juro, me voy silbando, silbando duro y fuerte, para no oírme, para no pensar, ahí le dejo las tortillas, total, ya hoy no las vendo, me voy, silbando bajito como si fuese de noche, muy de noche, en la noche de las nubes, silbando un montón para no oírme, carajo...

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Número 3

El tercer número de LALT incluye el lanzamiento de una sección permanente dedicada a la Literatura Indígena, con obras escritas en idiomas que van desde el mapudungun hasta el tzotzil, además de cuentos extraordinarios de Cristina Rivera Garza y Yoss, la estrella naciente de la ciencia ficción cubana.

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