Aries Point de Nancy Bird

Aries Point. Nancy Bird. República Dominicana: Isla Negra Editores, 2016. 111 páginas.

 

Me acerqué con mucha curiosidad a esta novela de Nancy Bird catalogada por la editorial Isla Negra como lúdica y experimental. La verdad que su lectura me motivó a indagar de atrás hacia el frente y viceversa dentro de la narración, pequeña, pero muy bien elaborada. Ya el título y el desarrollo del la narración demanda preguntas e investigación. Vivimos en la era del la red informática, así que fui a rebuscar en ese lugar de “mucha información”, pero también de “mucho ruido”, como dice la misma autora en la nota introductoria. El desafío fue grande, sobre todo, si el personaje principal se apoda Pleione y se dispone a iniciar un viaje en la búsqueda del ser mientras bloguea.  Me invité en el proceso.

La verdad es que el Internet propone un nuevo entorno a los escritores actuales. Me atrevo a asegurar que somos realistas al asumir, creativamente, las tendencias innovadoras de la tecnología. Creo que Nancy Bird se ha instalado muy bien en lo que llamamos mundo virtual y nos lleva a ensayar la vida desde múltiples puntos de vista insertados en ese entorno. De seguro, esta novela participa del rompimiento de paradigmas o simplemente se inserta en su contexto de actualidad para crear formas novedosas. 

Así que emigré junto al personaje en su viaje al interior –dentro de lo cotidiano–, pero entrelazada al arte, la tecnología, la mitología y la astrología. La autora usa los símbolos sabianos –obtenidos por la clarividente Elsie Weeler y publicados por Marc Edmund Jones–  como punto de partida, en este caso: Aries. El desplazamiento comienza desde el grado 30 de Piscis (un grado antes de entrar Aries), como si se indagara en un arquetipo en movimiento y extensión. De hecho, los grados forman eso: tiempo y espacio que permanecerán vigilados y presentes dentro del valor emotivo del momento correspondiente. En este caso –al comienzo–, se alude a Pedro Salinas y su poema “Vocación”. La voz narrativa se encadena a un “quiero” que el mundo de adentro sea tan palpable como una roca y se deje sentir en lo habitual que no deja de ser un lugar distante.

Desde ese momento, se reclama la vida misma (en brotes) con la aparente inercia del grado cero o Aries point, que da título a la novela. Aquí es cuando la primavera comienza; el sol emprende la energía y la renovación. Entrar en el punto de Aries implica la eventualidad de ser claramente visible; aun cuando se piensa que lo mejor es lo contrario. Como la acción se manifiesta del interior hacia fuera, el ser investiga expresiones claras y voluntarias para explicar ese recorrido en un despojo de lo que el personaje llama “congestión conceptual” y sin títulos, simplemente “yendo” con una mente que viaja a velocidad luz.

Poco a poco, la protagonista desenreda sus intimidades grado a grado. Solo interesa la afirmación ontológica de participar del sentimiento (saudade) e ideologías universales. Con esta intención se crea un blog que se ha de llamar Pleiades o Pléyades para “explayarse”, o sea, extenderse e insertarse en el territorio de las historias. 

En cada grado, Pleione y las voces que la rodean descargan pensamientos, cuestionamientos, diálogos, recuerdos, abiertas opiniones contrarias y un elemento onírico que resuena a una realidad que también se antepone a la fantasía en un juego de palabras, refranes, voces y desdobles en el tiempo narrativo. Se pretende ir desde una fuerza no identificada hacia los demás quienes miran y definen al ser cuando este solo se sirve de sus propias intenciones. De hecho, la opinión del personaje se muestra clara y contundente: “eso creo yo, Pleione”.

No deja de haber un juego cuando las palabras rompen sus formas y se descomponen en otros contextos y sentidos: “en lo que ser”, aun cuando utiliza algunos refranes populares. A esto se añade un espacio realista de la cultura moderna donde coexisten los idiomas (inglés y español en este caso) con una naturalidad, diríamos, muy del lenguaje hablado. El humor y la ironía irrumpen únicos no solo para vivir en la expresión, sino con el motivo adicional de permitirle al personaje definir la esencia. 

Alguna historia de entendimiento, superación, sacrificio o determinación de ser por cuenta propia, descubrimos en cada grado. También, la cadena lineal del tiempo se altera en saltos que evitan el hastío. Por ejemplo, del grado 7 pasamos al 29 el cual reaparece después del 11. Escribir nos lleva a crear, definir, esconder y olvidar; plantea, además, la descomposición y reactivación de la idea en prosa, en poesía, en serie. Tal vez sea un escape que propicia la oportunidad para desaparecer por un instante, naturalmente, como en un eclipse. La búsqueda queda atrapada en ese “segundito” por dos vertientes y la armonía musical que ha de denunciar el instante de su “propia nota”.

En el grado 14, muy atinadamente, irrumpe en escena otra voz. Esta vez bloguea (desde su punto de vista y según su especialidad) la serpiente; esa que nos “cuca” al conocimiento y analiza los temas de la manzana, las papilas gustativas y el miedo. La invitada se adentra en el proceso de buscar reacciones y expresiones respetadas pertenecientes a otros personajes. Del grado 14 se escapa al 18 donde la poeta Aldebarán (estrella amiga de Pleione) desata un cúmulo adicional conceptual en la femineidad de palabras y preguntas cuya crítica contrapone al “por” y el “qué” como entidades masculinas en la generalización de las ideas que deberían asumir las consecuencias de sus actos. Los pensamientos se cumplen o rompen para nuevos encuentros. El resultado se analiza con el “poema en la hamaca vacía”; una sacudida prometedora de respuestas armónicas que oscilan entre el conocimiento y la poesía.

Posteriormente, en el grado 23, se contemplan tres “entradas”: Cáncer, Capricornio y Aries.  Estas, forman un triángulo espacial donde –más que el tiempo– importan las historias (entrelazadas en el blog entre recuerdos, críticas y prejuicios) narradas desde tres puntos desiguales. 

Más adelante, para el grado 28, la narración da otro rebote donde atiende dos vertientes: Aries y Tauro. El mundo real, podría ser la gran audiencia decepcionante, es un aparte de ignorancia. La primera vez que aparece Urano en el grado 28 se presenta retrógrado lo cual reclama en escena a la percepción. El discurso monologado es abiertamente en pura rebeldía ante los convencionalismos. El único entorno aceptado como real es el artístico con su orden y método. Cuando entra al segundo viaje del grado 28 –ahora en Tauro– (la próxima constelación) la protagonista se describe muy amorosa de sí misma. Somos un punto, pero somos, y libres por cuenta propia.

La verdad es que no deja de ser atractivo el intento de definir el ser con el trasfondo de la mitología y la astrología. Ambas áreas de estudio son complicadas, pero sostienen cierto ilusionismo. Aun en ese contenido, el análisis crítico del personaje y sus contrapartes revelan ideas, opiniones, posiciones definidas en su propio escenario de vida. Podría considerarse desde otra esfera: nuestra realidad es también mitológica y astrológicamente incierta, tal vez, por lo condicionado que está nuestro punto de vista.  

El resultado, definitivamente, consiste en desterrar el final y ubicarlo en el comienzo. Se cierra un círculo. Volver al principio: el grado 30 que ya observa el primer grado de Tauro (próximo signo zodiacal) cuyo símbolo es un riachuelo que desciende por la montaña. Se advierten los placeres sencillos de la vida. Se escucha un llamado inicial al mundo interior ese, el de la poesía de lo imperfecto; un comienzo afín.

Por consiguiente, adentro, finalmente se comienza. Tiempo y espacio no siguen el curso lógico: el final es principio. Es como si dijéramos que subir es hacia abajo. Aquí asoma de nuevo el grado 0 (el Aries Point) para consumar el vuelo iniciado. Invade la luna que ha colmado el cielo de la narración, llena, radiante, pero a punto de iniciar su fase menguante. Ella ilumina los caminos hacia lo inexplorado, hacia la afirmación o la renovación del ser en plena autonomía. Desde el grado 0 se lleva a cabo una invitación conclusiva, un umbral hacia la apertura del ser: atender, elegir, percibir y, sobre todo, un llamado presente –en la narración– de inicio a fin: “emerger”.

Lydia Pagán 
Colaboradora de Isla Negra Editores

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